2
Sep

Adrián Ravier publicó un nuevo ensayo en la Revista Europea de Economía Política, PROCESOS DE MERCADO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

A continuación se detallan los artículos incluídos en el primer ejemplar de 2010, Vol. VII, No. 1.

SUMARIO

Artículos

- Gabriel Calzada Álvarez, Raquel Merino Jara, Juan Ramón Rallo Juliá y José Ignacio García Bielsa: Study of the effects on employment of public aid to renewable energy sources

- Adrián Ravier: La curva de Phillips de pendiente positiva y la crisis de 2008

- Carlos Arturo Gómez Restrepo: Los desarrollos teóricos de la Escuela Austriaca de Economía inspirados en la Escuela de Salamanca. Validez en el estudio de problemas contemporáneos

- Ken Schoolland: Courage, fear and immigration: The significance of welcoming newcomers in a free economy

- Antonio Zanella: El uso de las matemáticas en la ciencia económica

- William Barnet II, Walter Block y Jerry Dauterive: Negative externalities of government

Notas

- Ludwig van den Hauwe: Free banking, the real-balance effect, and Walras’ Law

- Benito Arruñada: Crisis de responsabilidad en una democracia adolescente

- David Sanz Bas: Crítica a la teoría keynesiana del ciclo económico

- Jesús Huerta de Soto: A brief note on economic recessions, banking reform and the future of capitalism

- Philipp Bagus: The bailout of Greece and the instability of the Eurozone

- José Carlos Herrán Alonso: Instituciones y praxeología. Un análisis comparado

Documentos

- Ludwig von Mises: Efectos destructivos de la política intervencionista

- Friedrich A. Hayek: El carácter subjetivo de los datos de las ciencias sociales

Reseñas bibliográficas

Noticias

Sugerencias de nuevas lecturas

Category : Adrián O. Ravier | Economía
18
Aug

por Adrián Ravier

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Cato. En mayo de 1937 el Dr. Fritz Machlup ofrecía una disertación en la Universidad de Minnesota en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la Reserva Federal de EE.UU. viene desarrollando bajo la dirección de Ben Bernanke.

Para dar un contexto a su artículo, entonces Machlup se encontraba analizando las políticas que el gobierno estadounidense y la autoridad monetaria venían practicando para intentar paliar el episodio económico más doloroso de la historia de EE.UU. Lo que a continuación sostenemos, es que el análisis causal del autor mantiene plena vigencia en lo que refiere a la crisis de 2008 y el intento por encontrar un camino de recuperación.

La respuesta de Machlup entonces implicó tres cuestiones: 1) ¿Sabemos lo que es un auge?, y ¿Podemos claramente identificar una situación dada como un auge? 2) Si sabemos lo que es un auge, y también cómo identificarlo, ¿sabemos cómo puede ser controlado? 3) Si sabemos lo que es un auge, cómo identificarlo, y también cómo podría ser controlado, ¿somos capaces de aplicar nuestro conocimiento y llevar a cabo las medidas que consideramos adecuadas?

Ante la primera pregunta, Machlup confiesa que ante su persistente reclamo en favor de “detener el auge”, una violenta protesta siempre emergía, señalando que no se trataba de un auge, sino de una leve recuperación. En tal sentido, Machlup advierte que entonces el auge era generalmente definido como “el período que conduce al colapso”. Lo dicho enfrentaba un serio problema de lógica. Machlup señaló entonces que si llamamos “auge” al período que conduce al colapso, entonces —por definición— este no puede ser controlado. Y es que si fuera controlado, entonces se argumentaría que no se trataba de un auge.

Machlup prefiere entones abandonar una definición que permita reconocer la situación sólo ex post, y sugiere que definamos al auge “como un incremento espectacular en la actividad económica, ya sea en algunas, en varias o en todas las partes del sistema económico”. Tal aumento en la actividad económica, podría deberse a incrementos en los precios, a aumentos de volumen, o a una suba de ambos.

Machlup señala que la mayoría de las personas en 1937 aceptarían que un aumento en el volumen de la producción es visto como sano, mientras que un incremento en los precios, generaba preocupación. Nuestro autor, sin embargo, estaba en el pequeño grupo de los que extendían su escepticismo al auge en el volumen de negocios, fundamentando el mismo en la experiencia observada en la gran depresión de 1929, cuando el producto industrial o los contratos de construcción aumentaron fuertemente.

Tal distinción fue posiblemente lo que impidió a la mayoría de los economistas identificar el período de auge del último ciclo económico, el que podríamos enmarcar bajo el período 2002-2007. Para ser más precisos, tras la crisis de las punto com y una vigorosa recuperación de la actividad económica, acompañada de la estabilidad de precios, nadie advirtió que un proceso de mala-inversión estaba tomando lugar.

Sin embargo hoy es reconocido que tal recuperación no era tal, sino más bien un período de auge cuyo origen encontramos en la política crediticia de la Reserva Federal y que el sistema bancario canalizó al sector inmobiliario, como consecuencia de las presiones que el poder ejecutivo y legislativo aplicaron sobre el sistema financiero.

Hacia fines de 2007 la crisis subprime se convirtió en un hecho que pocos pudieron anticipar. Entonces la receta keynesiana emergió con fuerza, fundada en las lecciones no aprendidas de la gran depresión de 1930. La política fiscal dio lugar a planes de estímulo que permitieron crear empleo. La política monetaria permitió duplicar dichos planes de estímulo para rescatar al sistema financiero. Y en poco tiempo la economía mostró algunos resultados exitosos.

Y aquí está el debate en cuestión. ¿Se trata de una recuperación o de un auge?

Machlup nos enseña que no debemos mirar “sólo” los precios. Aun con estabilidad de precios, la economía puede estar creando una nueva burbuja o en los términos modernos de Roger Garrison “un auge insostenible”.

Pienso que pocos economistas negarán que tales resultados en la actividad económica y empleo tienen directo resultado en las políticas monetarias y fiscales mencionadas. Pero ahí comienza otro debate que identificamos con la segunda pregunta de Machlup: ¿Podemos controlarlo?

Veamos el análisis de nuestro autor: “Comencemos con una situación de gran desempleo. ¿Por qué hay trabajadores, que desean trabajar al salario vigente, que no son contratados por los productores? Obviamente, porque estos últimos no esperan poder vender el producto de los trabajadores adicionales al precio que les permitiría pagar el salario de los trabajadores contratados. Dos modos tenemos, principalmente, para modificar esta situación. Una es la reducción del costo laboral (o de los costos de producción en general) que permite que los anteriores ingresos insuficientes que se obtienen por la venta del producto se conviertan ahora en ingresos suficientes para pagar su costo. La otra es un incremento en la demanda del producto, ya que se espera un mayor ingreso, el que entonces puede ocuparse de los salarios de los trabajadores que son contratados. Un incremento en la demanda de un producto que paralelamente no reduce la demanda por otro producto sólo puede originarse de un incremento en el dinero o el crédito disponible para, y utilizado por, los compradores. En otras palaras, una expansión crediticia incrementa la demanda de productos y de medios de producción. Más dinero está disponible para comprar más trabajo a una tasa salarial dada —mientras que en la primera forma a la que nos referimos, un fondo de dinero dado podía comprar más trabajo a una menor tasa salarial. Ambas maneras incluyen, como regla, una reducción de la tasa salarial real, la primera a través de una reducción de la tasa salarial nominal, la segunda a través de mayores precios, lo que permite a una tasa salarial dada comprar menos bienes”.

Resumiendo, Machlup menciona dos formas de resolver el desempleo. Aunque el primero es impopular, esto es, la reducción de los salarios, para nuestro autor es superior porque contiene menos gérmenes de desajustes posteriores.

El segundo método, el de lograr mayor empleo por la vía de la expansión monetaria, es simple, efectivo en el corto plazo, pero distorsivo. Machlup explica que “hay inicialmente un acto de toma de préstamos —ya sea de parte de industriales privados que no pueden posponer por más tiempo ciertos desembolsos los cuales han sido demorados por varios años, o por el gobierno que no desea esperar hasta que la inversión privada se recupere y lleve a cabo obras públicas. Estas inversiones que constituyen demandas por bienes de producción, llevan nuevo poder adquisitivo a las manos de los consumidores, los cuales tienen ahora una demanda incrementada por bienes de consumo. El gasto de este dinero va a invitar a que se realicen más inversiones privadas. La inversión pública y la mayor inversión privada, ambas financiadas por nuevos créditos bancarios, forman una nueva demanda para los bienes de producción. Utilizado en la producción de bienes de producción, el nuevo dinero se convierte en ingreso de los factores de producción utilizados, i. e., trabajadores y propietarios de equipo. El ingreso incrementado va a constituir nuevamente demanda para más bienes de consumo. Y esto puede continuar como un proceso acumulativo”.

El problema que la literatura ha identificado ante tal escenario, es cómo mantener los tipos de interés por debajo de su nivel natural a lo largo del tiempo.

“Los optimistas”, critica Machlup, “están inclinados a desechar ambos peligros. ¿Falta de capital liquido? ¿Tasas de Interés en aumento? Permitan que los bancos de la Reserva Federal manejen esta incómoda situación. Los Bancos de la Reserva Federal pueden prevenir la rigidez monetaria suministrando a los bancos con reservas suficientes para una expansión adicional. ¿Inversiones decrecientes por parte de la industria privada? Dejen al gobierno que resuelva esto. Existen suficientes obras públicas buenas para ser emprendidas. La inversión pública puede llenar el espacio dejado por la inversión privada. Este optimismo es, desde mi punto de vita, inflacionismo. El programa significa nada más ni nada menos que esto: Satisfacer todas las siempre crecientes demandas de capital por medio de la creación de nuevo dinero bancario; y hacer esto en forma abundante para evitar el aumento de las tasas de interés; o, si la demanda de inversiones privada cayera, financiar obras públicas por medio de nuevo dinero bancario: en otras palabras, seguir y seguir inflando la circulación monetaria. Estoy de acuerdo en que la crisis puede ser pospuesta a través de estos métodos, pero sostengo que no se puede escapar al colapso final. El mantener la tasa de inversión al nivel del auge significaría un continuo incremento en los medios en circulación. Las consecuencias de la inflación, sin embargo, eventualmente forzarían una caída en las inversiones la cual se impidió que sucediera en un momento anterior. La disminución de la tasa de inversión no parece ser evitable y el retroceso en la inversión, entonces, haría evidente que la expansión industrial durante el alza fue desproporcionada. La distribución de la demanda monetaria por el producto de diferentes industrias durante el periodo de expansión crediticia es diferente de la distribución de demanda luego de que la expansión crediticia se desacelere o frene. Es decir que una gran parte del sistema económico parece estar condenado a experimentar otra parálisis”.

Bajo este análisis, Machlup advierte que “sí”, sabemos como el auge puede ser controlado.

Ahora podemos proceder con nuestro último interrogante, el cual se  pregunta si somos capaces de llevar adelante las medidas que consideramos adecuadas.

El control consiste en evitar una rápida expansión en el crédito y el circulante. ¿Cuán acelerada ha sido la expansión desde 2007? Los datos muestran que sólo entre septiembre de 2008 y enero de 2009 se ha duplicado la base monetaria, aunque posteriormente el ritmo bajó.

En los últimos días, sin embargo, la Reserva Federal ha advertido la necesidad de expandir nuevamente para evitar que la tasa de interés de corto plazo se eleve, y así estimular una mayor inversión.

Machlup advierte que “el evitar que la creación y el uso de dinero continúen a este peligroso ritmo debería ser la primera demanda en un programa para controlar el auge”, sin embargo, no ignora que la expansión de la base monetaria se justificó por la contracción secundaria de dinero.

Sin embargo, tal política puede tener un efecto inflacionario futuro. De hecho, Machlup aclara que “si el volumen de rotación de los depósitos bancarios comenzara a elevarse, entonces la única compensación disponible sería una política de mercado abierto por parte de los bancos de la Reserva Federal que tratara de reducir los recursos bancarios a través de la venta de títulos del portfolio de la Reserva Federal. El control del crédito en la forma discutida funciona solo si los bancos de la Reserva Federal no compran ningún bono del gobierno, ya que esto incrementaría las reservas en exceso de los bancos miembros, y si los bancos de la Reserva Federal están preparados para comenzar una venta de bonos del gobierno en cualquier momento que aquello se haga necesario”.

Y continúa con un análisis que hoy tiene vigencia: “¿Qué están haciendo los bancos de la Reserva Federal en su lugar? No se están preparando para una venta, sino mostrando que están preparados para comprar bonos del gobierno para apoyar el mercado de estos bonos, el mercado de nuevos bonos que el gobierno emite en orden a financiar su déficit presupuestario. Mientras que el gobierno tenga un déficit presupuestario, y mientras los bancos de la Reserva Federal tengan que sostener el precio de los bonos a través de compras, ningún control puede ser efectivo. Entonces, aun si supiéramos como podríamos hacer algo respecto del control del auge, por el momento no somos capaces de aplicar nuestro conocimiento”.

El análisis de Machlup fue certero entonces, y es correcto hoy. Al problema de liquidez de los primeros años de la década, ahora se suma un déficit fiscal récord que será muy difícil de sostener. Me animo a conjeturar que la Reserva Federal de EE.UU. imprimirá al mundo entero un proceso inflacionario que pensábamos habíamos aprendido a erradicar.

Publicado en El Cato Institute, el 18 de agosto de 2010.

Category : Adrián O. Ravier | Economía
11
Aug

Las políticas de estímulo, si bien han logrado evitar que la tasa de desempleo trepe a los niveles de la gran depresión de los años treinta, difícilmente podrán ser mantenidas en el tiempo debido al déficit fiscal sin precedentes que han provocado“. Adrian Ravier

Libertad Digital. A finales de 2007 estalló la burbuja inmobiliaria que se fue gestando desde la salida de la crisis de las puntocom de 2001. Desde entonces, la política monetaria y fiscal de la Reserva Federal y del gobierno americano sólo han intentado paliar la situación de corto plazo.

Entonces comenzó un debate entre académicos y empresarios, no sólo sobre el riesgo moral que tales políticas implicaban, sino también sobre la forma en que se desarrollaría la crisis. Algunos pocos analistas dijeron que la crisis tendría forma de V, esto es, que la crisis sería profunda, pero corta, y que la política económica permitiría abandonar la situación rápidamente gracias al rol activo que el sector público estaba asumiendo. Otros analistas más pesimistas dijeron que la crisis tendría forma de L, desatendiendo a las señales de recuperación, y señalando las dificultades para generar empleo y recuperar la actividad económica. Finalmente, un tercer grupo de analistas advirtió que la crisis tendría forma de W, esto es, cayendo en crisis y depresión, recuperándose en el corto plazo gracias a la política activa del sector público, pero cayendo nuevamente en depresión por la imposibilidad del gobierno de mantener tales políticas en el tiempo.

Lo cierto es que este tercer grupo de analistas son los que parecen tener mayor razón, observando que las políticas de estímulo, si bien han logrado evitar que la tasa de desempleo trepe a los niveles de la gran depresión de los años treinta, difícilmente podrán ser mantenidas en el tiempo debido al déficit fiscal sin precedentes que han provocado. Otro tanto se puede decir de la política monetaria, que si bien no ha mostrado todavía sus efectos inflacionarios por la disposición de los bancos a no poner en circulación esos flujos de dinero fiduciario, sí podrán hacerlo en el futuro.

Lo cierto es que la tasa de crecimiento económico en los Estados Unidos se ha desacelerado en el segundo trimestre, y más de lo previsto, según cifras oficiales publicadas ayer. El Producto Interior Bruto del país aumentó en el segundo trimestre 2,4% anualizado con respecto al primero, indicó la primera estimación del PIB de ese período del Departamento de Comercio. Es la tasa de crecimiento más débil medida en Estados Unidos desde los tres meses del verano de 2009, que marcó el comienzo de la recuperación de la primera economía mundial. La cifra oficial es inferior a las expectativas de los analistas, que en promedio estimaban un crecimiento del 2,5%. Esto representa una desaceleración con respecto al primer trimestre, donde el crecimiento alcanzó 3,7%, según una nueva estimación –en fuerte alza con respecto a la cifra dada un mes antes (1%)– difundida en la revisión anual de los datos del PIB.

Los datos comentados del segundo trimestre y los pronósticos del tercero han llevado a los economistas más renombrados a cierto pesimismo. Paul Krugman por ejemplo, aun cuando alentó la política activa, advirtió de que Estados Unidos tiene fuertes probabilidades de entrar en recesión en la segunda mitad de 2010 cuando se retiren las medidas de estímulo monetario y fiscal, algo que gradualmente está ocurriendo. Alan Greenspan, por su parte, señaló que “Estados Unidos está en una cuasi-recesión” y que difícilmente la tasa de desocupación caiga por debajo del 9,5 % actual. Por último, Nouriel Roubini agrega que estamos en “tiempos de recaída” ante el fin de los planes de estímulo, los que llevarán a un crecimiento anémico de las economías avanzadas, creación mediocre de empleo y subida adicional del paro.

Lo paradójico de la cuestión es que pocos parecen advertir que justamente son estos tres economistas los que han sugerido aplicar políticas que hoy nos llevan a esta situación que bien saben predecir. Krugman evitando que se complete el ajuste con políticas activas. Greenspan con su pasado en la Fed alentando la burbuja cuyas consecuencias seguimos sufriendo. Roubini por apoyar la nacionalización de la banca, coste que por supuesto hoy sufragan todos los americanos.

Adrián Ravier es economista y profesor de la Universidad Francisco Marroquín y del Swiss Management Center University. Escribe regularmente en su página personal.

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22
Jul

por Adrian Ravier.

Mi amigo y colega Juan Ramón Rallo escribió una réplica el día de hoy a un artículo que publicara el 15 de julio proponiendo a los países miembros de la zona euro, abandonar el monopolio de la moneda en manos del Banco Central Europeo y recuperar las monedas nacionales en competencia, esto es eliminando el curso forzoso.

La réplica no sorprende si uno considera los riesgos de la implementación de mi propuesta —en línea con la de Richard Ebeling— según describiera al final de mi artículo. Mi objetivo aquí, sin embargo, es dar respuesta a los argumentos expuestos y citar la posición de Hayek al respecto.

En el primer párrafo del artículo Rallo explica que socialistas, economistas de Chicago y economistas bien intencionados liberales han alzado voces en contra de la moneda única europea. Vincular mi propuesta con la de los socialistas, algunos economistas de Chicago o incluso la de Paul Krugman, quien ha pedido en los últimos días abandonar el euro para poder devaluar, pienso que puede confundir a un lector distraído. Las propuestas difieren porque los argumentos difieren. Meter todo en una misma bolsa es tan equívoco como suponer que la Banca Simons y la propuesta de Jesús Huerta de Soto en defensa de un coeficiente de caja del 100 por cien, son iguales. Con esto quiero dejar claro que —al igual que Rallo— me opongo a los argumentos expuestos por otros teóricos que critican al euro.

En un segundo paso, tras resumir mis argumentos contra el euro, Rallo señala los motivos por los cuales él ha defendido moderadamente este monopolio. Su argumento central es que el euro se asemeja al Patrón Oro, quizás deslizando que tal sistema sería su ideal. Mi contra-argumento es que el sistema de competencia de monedas nacionales —con eliminación de curso forzoso— se asemeja más a un sistema de banca libre en donde cada individuo puede elegir entre una cantidad de monedas diferentes. Demás está decir que el sistema que Hayek tenía en mente con “la desnacionalización del dinero” (1973) era además abrir la posibilidad de emisión privada de dinero, lo cual habría representado un límite mayor a las políticas inflacionistas de los bancos centrales europeos.

Pero quisiera detenerme aquí un momento porque esto constituye quizás el punto central del debate. La experiencia de España, previa a su ingreso a la zona euro no ha sido buena. El Banco Central de España ha manipulado la moneda, condenado a España a continuas devaluaciones, a una política inflacionaria y al predominio de altas tasas de interés que impedían el desarrollo de inversiones que hiciera posible un continuo y genuino crecimiento económico. El Banco Central Europeo cambió este estado de cosas. Con el euro España emprendió un crecimiento económico sin precedentes, se terminó la inflación y la devaluación, y los tipos de interés convergieron hacia abajo, hacia el promedio europeo o incluso menor.

Si dichos tipos de interés se redujeron a valores históricos por tanto tiempo, esto obedece sin embargo a la política monetaria practicada por el Banco Central Europeo, algo que dejó a España sumergida en la peor burbuja inmobiliaria de su historia, con un desempleo del orden del 20 por ciento, lo cual ha condenado al país en una situación que sufrirá por varios años más.

Desde luego, España cuenta hoy con un PIB per cápita que la coloca entre los países desarrollados, pero eso obedece —a mi juicio— a cuestiones diferentes, esto es, a la política de integración y apertura económica que emprendió bastante antes de integrarse a la zona euro.

Vale también aclarar que este debate no se debe circunscribir a comparar la situación de los miembros de la Unión Europea previa y post-euro. La propuesta señalada en mí artículo no propone volver a la situación previa al ingreso a la zona euro. No se trata simplemente de recuperar las monedas nacionales. Se trata además de que los países miembros recuperen las monedas locales y permitan a los individuos demandar y establecer contratos denominados en las otras monedas europeas, algo que entiendo no ocurrió en la etapa previa al euro.

Rallo se adelanta también a otro argumento central. Hoy toda Europa está condenada a la crisis económica cuya causa encontramos en el Banco Central Europeo. En un sistema de competencia de monedas nacionales tal cosa no hubiera ocurrido ya que algunos bancos centrales prudentes habrían esquivado tales consecuencias. El contra-argumento de Rallo es que tal cosa es sólo aparente, porque un banco central aislado no habría podido escapar a la expansión del crédito concertada por los otros bancos centrales. En otras palabras, Rallo afirma que aun con monedas nacionales competitivas, los miembros de la Unión Europea no habrían podido evitar la burbuja inmobiliaria.

Este es —a mi juicio— posiblemente el argumento más débil de la réplica. ¿Acaso hay alguna experiencia europea en la que todos los países hayan caído en una crisis económica generalizada causada por la política crediticia concertada por todos los bancos centrales? No soy experto en historia económica europea, pero me temo que no.

Siguiendo el debate, pienso que el paso siguiente deberá consistir en estudiar las causas de la burbuja inmobiliaria, lo cual —a mi modo de ver— nos llevará necesariamente a estudiar la política crediticia del Banco Central Europeo.

Por lo demás, no comprendo el paralelismo que Rallo hace entre competencia de monedas y competencia arancelaria, pero coincido en que una apertura económica que integre a la Unión Europea con el mundo y no sólo con sus países miembros, será ventajosa en todo sentido.

Respecto a la disciplina fiscal, es cierto que algunos miembros incumplieron Maastricht. Pero aseverar que sin el euro, no habría tal disciplina, me parece un exceso. En todo caso, no veo una clara, o más bien, necesaria relación entre la existencia del euro y la disciplina fiscal.

Cierro con el punto que señala Rallo como “el germen del desacuerdo”, esto es, que un número mayor de monedas nacionales en reemplazo del euro, “no abre el mercado a la competencia, simplemente incrementa el número de gobiernos con capacidad para extorsionar a la población a través del manejo de su propia divisa”.

Si bien estoy de acuerdo que la administración de las distintas monedas nacionales no abre el mercado en el sentido austríaco del término, no veo cómo esto se ha convertido en “el germen del desacuerdo”. Entiendo que el debate se circunscribe a cuál es el “segundo mejor” que Europa debe aplicar para evitar que la crisis económica actual se repita en el futuro. De un lado tenemos el euro, monopolizado por el Banco Central Europeo. Del otro lado tenemos las monedas nacionales, administradas por distintas autoridades monetarias. En ninguno de los dos casos alcanzamos la competencia de monedas que Hayek propuso en 1973. Pero entiendo que en la competencia de monedas nacionales, eliminado el curso forzoso que impide hoy que los europeos hagan contratos denominados en cualquiera de esas monedas, se acerca un poco más al ideal en cuestión.

En palabras del mismo Hayek (1973):

“Mi propuesta concreta para el futuro próximo, y la oportunidad de examinar un plan mucho más amplio, consisten en que los países del Mercado Común, preferiblemente juntos con los países neutrales de Europa (y es posible que más tarde los de Norteamérica), se comprometan mediante un tratado formal a no obstaculizar en manera alguna el libre comercio dentro de sus territorios de las monedas de cada país (incluidas las monedas de oro) o el libre ejercicio, por instituciones legalmente establecidas en cualquier de los aludidos territorios, de la actividad bancaria sin trabas. Tal supuesto conduciría en primer término a la supresión de todo tipo de control de cambios y de regulación del movimiento de dinero en estos países y también a la plena libertad de utilizar cualquiera de esas monedas tanto en la contratación como en la contabilidad. Aún más, significaría la oportunidad para cualquier banco radicado en tales países de abrir sucursales en cualquier otro en iguales condiciones que los ya existentes. […] Lo anterior me parece preferible y más práctico que el proyecto de introducir una nueva moneda europea, que en última instancia sólo tendría como efecto afirmar la fuente y raíz de todos los males monetarios: el monopolio gubernamental de emisión y control de la moneda. […] Aunque comparto el deseo de completar la unificación económica de Europa occidental liberalizando por completo la circulación del dinero en su interior, tengo mis dudas sobre la utilidad de hacerlo con la creación de una nueva moneda europea gobernada por una especie de autoridad supranacional. Aparte de que […] es inevitable que algún país vea empeorada (y no mejorada) su propia moneda, no parece tampoco probable que, incluso en las circunstancias más favorables, su administración fuera mejor que la de las actuales monedas nacionales. Además, en muchos sentidos, una única moneda internacional, si no está mejor administrada, es peor que una moneda nacional. Un país con un público financieramente más refinado no tendría ni siquiera la posibilidad de escapar a las consecuencias de los prejuicios que dominan las decisiones de otros. La existencia de una autoridad internacional implicaría fundamentalmente la ventaja de proteger a sus miembros de las dañosas medidas que cualquiera de ellos pudiera introducir sin obligarle a participar con sus locuras”.

Resumiendo, Hayek anticipó el fracaso del euro y pienso que —como seguidores de sus ideas— debemos ser radicales y categóricos en nuestra oposición al Banco Central Europeo.

Bibliografía:

Ebeling, Richard (2010), “Competitive Currencies Instead of the Euro Monopoly”, Northwood University.

Hayek, Friedrich A. von (1973), “Denationalization of money. An analysis of the theory and practice of current currencies“, The Institute of Economic Affairs, 1990.

Rallo, Juan Ramón (2010), “Una defensa moderada del euro”, Cato Institute, 20 de julio de 2010.

Ravier, Adrián (2010), “¿Abandonar el euro?”, Cato Institute, 15 de julio de 2010.

Ravier, Adrián (2010), “La burbuja inmobiliaria de España”, GPS Económico, No. 1, marzo de 2010.

Artículo publicado en el Cato Institute, el miércoles 21 de julio de 2010.

Category : Adrián O. Ravier | Cato Institute | Economía
21
Jul

Publicado en El Cato Institute en español, 15 de julio de 2010.

por Adrián Ravier
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.


La crisis económica europea ha puesto en jaque al euro. Muchos analistas advierten que abandonarlo, implicará perder muchos de los logros alcanzados en las últimas décadas. En este artículo explicamos: 1) que los beneficios de la Unión Europea exceden a la creación del Euro, 2) que Hayek advirtió que la creación del Euro constituía un error hace 35 años y 3) que hoy es necesario aprovechar la oportunidad que se presenta para retroceder hacia la competencia de monedas nacionales. El artículo cierra considerando un riesgo al implementar la propuesta.

1. Los beneficios de formar parte de la Unión Europea

Hasta 1914 los países europeos practicaban políticas consistentes con la disciplina monetaria, fiscal e internacional. La disciplina monetaria estaba presente en el Patrón Oro que impedía a los gobiernos practicar políticas monetarias que permitan devaluar la moneda para ganar una supuesta competitividad. La disciplina fiscal estaba presente en el equilibrio entre ingresos y gastos que acotaba estos últimos al nivel de los impuestos que la gente estaba dispuesta a pagar. La disciplina en el comercio internacional estaba presente en la libertad de entrada y salida de capitales, bienes, servicios y personas. Las dos guerras mundiales y la gran depresión terminaron con ese estado de cosas.

Los países que hoy componen la Unión Europea, y en especial la zona euro, han trabajado durante mucho tiempo para conseguir un sistema que se asemeje a aquel, al menos para los países miembros. El proyecto de una moneda común como el euro permitiría reducir costos de transacción, evitar las devaluaciones competitivas y terminar con la inflación. El Tratado de Maastricht obligaría a los países miembros a acotar sus déficits y limitar su deuda. La apertura económica dentro del bloque permitiría a las personas de los países miembros comerciar libremente, como si todos pertenecieran a un mismo país.

No hubo que esperar mucho tiempo para observar cierta evidencia empírica que confirmaba —una vez más— que es real la tendencia de convergencia o igualación de salarios en países donde se permite la movilidad de factores de producción. Irlanda, por ejemplo, combinando la apertura económica con reducciones impositivas, logró “importar instituciones” del primer mundo, reducir el riesgo país, atraer consecuentemente inversión extranjera directa y emprender un crecimiento económico sostenido que le permitió reducir los niveles de desempleo (del 16 al 4%), multiplicar el PIB per cápita, reducir el nivel de deuda sobre PIB (de un 160 a un 40%) y cambiar la estructura de la economía desde la preponderancia del agro hacia la industria y los servicios (Ravier, 2005). España, por su parte, abandonó la política inflacionaria, deficitaria y proteccionista, lo que le permitió emprender un desarrollo genuino, dando lugar a acelerados niveles de crecimiento de su PIB per cápita. En palabras de Jorge Avila: “Después de cuatro siglos de declinación y con los mismos recursos naturales, en los últimos 25 años España ha dejado de ser una ballena anclada en los Pirineos para convertirse en un polo de atracción de emigrantes y capitales. ¿Qué cosa cambió? Su infraestructura institucional, que importó del mundo avanzado. Entró en la OTAN, entró en la Unión Europea y adoptó el euro en reemplazo de la peseta. En otras palabras, definió su política exterior, instauró el libre comercio con Francia, Alemania, Italia y los otros miembros de la Unión Europea y adoptó una unidad de cuenta estable. Adquirió instituciones irreversibles y su ingreso per cápita se acercó en la década de 2000 a 28.000 dólares por año (Avila, 2010).

Ante la crisis financiera internacional, el abandono del euro se presenta como el fin de todos estos beneficios.  Sin embargo los beneficios alcanzados con la apertura económica dentro de la Unión Europea —ligado a los rígidos requisitos fiscales— deben ser separados de los perjuicios provocados por el euro.

Claramente el proceso de globalización y la integración económica se presenta en estos tiempos como la causa fundamental de la reducción de la pobreza y el desarrollo económico de aquellos países que alcanzan tasas de crecimiento de dos dígitos. Como ha mencionado Richard Ebeling “la integración económica y la prosperidad han sido posibles sin el monopolio de la moneda sobre todo el continente” (Ebeling 2010). De hecho, países como Inglaterra o Suiza que integran la Unión Europea, pero se mantuvieron fuera de la zona euro, no han sido ajenos a los beneficios de la globalización y la integración.

2. Hayek contra el euro en 1975

El Euro fue creado como un medio que le permitiera a la elite política europea, en especial, de Francia, competir con el dominio político y financiero de EE.UU. Todas las ventajas que se señalaron en distintos informes, como la reducción de los costos de transacción, son motivos secundarios. El objetivo final de la creación del euro fue crear los Estados Unidos de Europa, regulado y controlado centralizadamente desde Bruselas, con una especial influencia de las políticas de Paris y Berlín (Ebeling 2010).

En tal sentido, la política monetaria gestionada en forma centralizada desde el Banco Central Europeo es un ejemplo de lo que Friedrich A. von Hayek habría denominado la “fatal arrogancia”. Esta institución no tiene conocimiento de cuál ha de ser el nivel del tipo de interés, tampoco de cuánto dinero se necesita emitir, ni cuál sería un adecuado nivel del tipo de cambio.

Hace ya 35 años que Hayek alertó a Europa de los peligros de unificar la moneda europea eliminando la competencia de monedas nacionales que imperaba entonces. Tal competencia sería, en última instancia, el único modo de detener la inflación y la continua devaluación de la moneda local, en la medida que la gente rehusaría demandar una moneda de constante depreciación (Hayek, 1975).

La crisis que hoy enfrenta Europa, y en particular la burbuja inmobiliaria, ha sido el producto de la política monetaria del Banco Central Europeo, tal como hemos demostrado ya en otra oportunidad (Ravier, 2010).

La política monetaria laxa que gobernó al euro en los últimos años sólo ha dado lugar a reducciones artificiales de los tipos de interés que han provocado un largo proceso de mala-inversión, representado —por ejemplo— en numerosos edificios que de otro modo no se hubieran construido. En términos técnicos, esta política rompió la identidad entre ahorro e inversión y desencadenó una etapa de auge que necesariamente iba a terminar, en la medida que el Banco Central Europeo hallara dificultades para mantener bajos los niveles de interés. Esto efectivamente ocurrió hacia fines de 2007, cuando el riesgo inflacionario se hizo latente.

3. La oportunidad de abandonar el euro

Toda crisis ofrece una oportunidad. En este caso, los gobernantes de la zona euro tienen la posibilidad de admitir y aceptar que el plan Euro fue una mala idea. Esto les permitirá considerar el mejor modo de retroceder hacia monedas nacionales, algo que desde luego tendrá una dolorosa transición, a la que Ebeling se preocupó por encontrarle antecedentes.

“No es la primera vez que una moneda debe ser disuelta en distintas monedas nacionales. Esto ocurrió en 1919, durante la desintegración del viejo Imperio Austro-Húngaro en Europa Central; o más recientemente en el colapso de la Unión Soviética en quince repúblicas independientes, o incluso en la separación de Checoslovaquia en dos países, o en la quiebra de Yugoslavia.” […]

“Hay lecciones que aprender de estos casos históricos que deberán ser considerados cuidadosamente y aplicados para cerrar el experimento del Euro” (Ebeling, 2010).

El riesgo de la propuesta

Hay un riesgo, sin embargo, que acompaña la implementación de la propuesta. Paul Krugman ha pedido en numerosas ocasiones que Grecia, España o Italia abandonen el Euro para poder utilizar la política monetaria y así devaluar la moneda. En un artículo en el New York Times, decía sobre España: “Si España tuviera su antigua moneda, la peseta, podría remediar el problema rápidamente a través de una devaluación —digamos, reduciendo el valor de la peseta en un 20 por ciento contra las otras monedas europeas” (Krugman, 2010).

Las experiencias históricas europeas van también en este mismo sentido. Basta revisar algún libro de macroeconomía para recordar las experiencias históricas de devaluaciones competitivas entre Francia y Alemania.

¿Quién puede asegurarnos que la política monetaria, una vez recuperada, no será utilizada en el peor sentido? Pregunté esto a Richard Ebeling y me ofreció una respuesta que es útil para complementar su propio artículo.

Todas las formas de planificación central monetaria son indeseables, y tienden a ser abusadas por el control del gobierno. Pero en un mundo en el cual nos sometemos a sistemas de monopolio público de la moneda, y en el cual estos difícilmente sea abolidos en el corto plazo, Ebeling piensa que lo preferible es limitar el monopolio geográficamente a economías locales.

Coincido con Ebeling. Un sistema en el que haya tantos monopolios públicos de la moneda como países haya en Europa parece superior a un solo monopolista con capacidad para manejar una única moneda para toda la Unión Europea. Y más aun cuando los individuos cuentan con libertad de elegir entre todas las monedas europeas, lo cual se constituye en un importante limitante para la política inflacionaria de los bancos centrales.

Esto necesariamente abre un abanico de opciones para los usuarios quienes pueden analizar si la moneda local está siendo más abusada y depreciada en su valor relativo en relación con el grado de depreciación que sufren las monedas de los países vecinos.

Por supuesto, tal solución es una segunda —o tercera— opción en un mundo políticamente imperfecto que difícilmente se abra a políticas liberales clásicas y a una economía pura de mercado.

El presente trabajo es una adaptación de otro titulado “El fin del euro”, publicado en la revista GPS Económico, No. 6, de julio de 2010.

Bibliografía

Avila, Jorge (2010), Antídotos contra el riesgo-argentino, Cap. 1: Alberdi y el costo del repudio, UCEMA.

Ebeling, Richard (2010), Competitive Currencies Instead of the Euro Monopoly, Northwood University.

Hayek, Friedrich A. von (1975), Choice in currency. A way to stop inflation, Institute of Economic affairs, London.

Krugman, Paul (2010), The making of a Euromess, The New York Times, February 14th, 2010.

Ravier, Adrián (2010), La burbuja inmobiliaria de España, GPS Económico, No. 1, marzo de 2010.

Ravier, Adrián (2005), El caso de Irlanda. El milagro del Tigre Celta, en Políticas Liberales Exitosas, RELIAL, Fundación Atlas 1853 y Fundación Friedrich Naumann, pp. 67-73.

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21
Jul

El  jueves 15 de abril de 2010 en el programa radial conducido por Roberto Cachanosky y la participación de Gustavo Lázzari se entrevistó a Adrián Ravier (actual profesor de la Universidad Francisco Marroquín) sobre la publicación de su libro “En busca del pleno empleo“.

Aquí la entrevista en audio:

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Category : Adrián O. Ravier | Economía
27
Jan

enbuscadelplenoempleo

Adrián Ravier acaba de publicar su nuevo libro sobre estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada, titulado “En busca del pleno empleo“.

RESEÑA

Esta obra se inscribe en la tradición iniciada por Roger W. Garrison de intentar hacer comprensible y de extender las ideas del paradigma austriaco al mainstream neoclásico. Adrián Ravier lo hace en su primer libro, sintetizando la macroeconomía austriaca del capital. En su segundo libro, presentando un estudio de economía comparada, apoyándose en la tradición austriaca para fundamentar una Curva de Phillips de pendiente positiva, que contradice los conocidos estudios de Phillips, Samuelson, Solow, Friedman, Phelps y Lucas, entre otros. En su tercer libro, ampliando el debate de «reglas versus discrecionalidad», sobre la base de los escritos de Hayek.

ÍNDICE

PRÓLOGO, por Jesús Huerta de Soto

PREFACIO, por Martín Krause

INTRODUCCIÓN, por Adrián O. Ravier

LIBRO PRIMERO

FORMACIÓN DE CAPITAL Y CICLOS ECONÓMICOS.
Una introducción a la macroeconomía austriaca del capital

I.        INTRODUCCIÓN

1.    El Proceso de Formación de Capital y la Teoría del Crecimiento Económico

1.1. El fundamento microeconómico de la macroeconomía. Análisis praxeológico del tipo de interés
1.1.1. Las consecuencias directas de la acción humana
1.1.2. La ley de preferencia temporal y el tipo de interés
1.1.3. Análisis robinsoniano: tasa de interés, ahorro, inversión y formación
de capital
1.2. El proceso en el marco social
1.2.1. El tipo de interés bruto o de mercado
1.2.2. Ahorro, inversión y formación de capital en el marco social
1.2.3. La Estructura Intertemporal de la Producción
1.2.4. El Triángulo Hayekiano
1.2.5. La economía progresiva. Un Modelo Austríaco de Crecimiento Económico
1.2.6. La economía regresiva

2.    Intervención Estatal y Ciclos Económicos

2.1. La Teoría Austríaca del Ciclo Económico de Ludwig von Mises
2.2. Las etapas del ciclo económico
2.3. El aporte de Roger Garrison al análisis de los ciclos económicos

LIBRO SEGUNDO

LA CURVA DE PHILLIPS AUSTRIACA.
Un estudio de macroeconomía comparada

I.        INTRODUCCIÓN

II.        LA PRIMERA ETAPA

1.    La Curva de Phillips Keynesiana
1.1.    Una breve biografía de A. W. H. Phillips (1914-1975)
1.2.    El hallazgo empírico de Phillips
1.3.    La versión keynesiana de la Curva de Phillips
1.4.    Samuelson-Solow (1960) y el caso de Estados Unidos
1.5.    La visión keynesiana sesgada al corto plazo
1.6.    La visión keynesiana sesgada a una economía con desempleo de recursos
1.7.    Keynes y la no neutralidad del dinero en el corto plazo
1.8.    La refutación de la hipótesis de Phillips

III.        LA SEGUNDA ETAPA

1.    La Curva de Phillips Monetarista y la contrarrevolución
1.1.    La Curva de Fisher (1926)
1.2.    Salario real versus Salario nominal
1.3.    La distinción entre el corto y el largo plazo
1.4.    El rol de las expectativas adaptativas
1.5.    La teoría cuantitativa y la neutralidad del dinero en el largo plazo
1.6.    La tasa natural de desempleo
1.7.    La Curva de Phillips Monetarista
1.8.    La consecuencia de política económica para los policymakers

2.    La nueva macroeconomía clásica y las expectativas racionales
2.1.    Las dos objeciones al enfoque monetarista
2.2.    La hipótesis de expectativas racionales
2.3.    La neutralidad del dinero en el corto y en el largo plazo
2.4.    Su consecuencia en el debate de la Curva de Phillips
2.5.    Una breve referencia a la teoría del ciclo económico de Lucas

IV.        LA TERCERA ETAPA

3.    La Curva de Phillips Austriaca y una posible solución a la observación de Friedman

3.1.    La observación de Friedman: La Curva de Phillips de pendiente positiva
3.2.    La versión Austríaca de la Curva de Phillips y una posible solución a «La observación de Friedman»
3.3.    Dos alternativas para alcanzar el pleno empleo
3.3.1.    El camino de la economía de mercado
3.3.1.1.    El sistema de precios y «el uso del conocimiento en la sociedad»
3.3.1.2.    La función empresarial
3.3.1.3.    La Teoría Austríaca del Capital
3.3.1.4.    El factor de la producción «Trabajo» y la determinación de su precio
3.3.2.    El camino de la intervención monetaria y crediticia
3.3.2.1.    La inflación y la no neutralidad del dinero
3.3.2.2.    Las expectativas
3.3.2.3.    La Teoría Austríaca del Ciclo Económico
3.3.2.4.    Una nota sobre la deflación de precios
3.3.3.    A modo de conclusión

LIBRO TERCERO
REGLA MONETARIA VERSUS DISCRECIONALIDAD
Una ampliación del debate

I.        INTRODUCCIÓN

II.        PARTE I: DISCRECIONALIDAD VERSUS REGLA MONETARIA
1.    Keynes, el fin del patrón oro y la gestión científica de las variables monetarias
2.    El origen del debate y su evolución
2.1. Simons y su artículo de 1936
2.2. John Maynard Keynes, el joven Milton Friedman y la discrecionalidad
2.3. Friedman, el monetarismo y las reglas monetarias
2.4. Expectativas racionales, inconsistencia dinámica e independencia del banco central

III.    PARTE II: UN ANÁLISIS CRÍTICO DEL DEBATE
1. Reflexiones sobre la política monetaria activa y discrecional
1.1. La pretensión del conocimiento
1.2. Las presiones políticas y la independencia del Banco Central
1.3. La incompatibilidad de los objetivos buscados
2. Reflexiones sobre las reglas monetarias
2.1. El problema de la definición y la consecuente propuesta de la regla monetaria
2.2. Regla monetaria, índice de precios e información relevante
2.3. La poca relevancia de la «estabilidad» de la regla

IV.    PARTE III: AMPLIANDO EL DEBATE
1. La competencia de monedas
2. La propuesta de Hayek
3. Eliminar la banca central y el curso forzoso

V.        PARTE IV: REFLEXIONES FINALES: EL ROL DEL ACADÉMICO

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE NOMBRES

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