Adrián Ravier publicó un nuevo artículo en Libertarian Papers. An Online Journal for Libertarian Scholarship, revista multidisciplinar del Ludwig von Mises Institute.
Capitalism, Socialism and Public Choice
Abstract:
The essay examines Schumpeter’s understanding of the capitalist process and develops a critical analysis of his explanation of why capitalism cannot survive. Part I deals with how Schumpeter understood capitalism. Part II studies why –- from his point of view — capitalism couldn’t survive. Part III analysis why it is actually socialism, as a socio-political alternative, that is impractical and must collapse from contradictions inherent in it. Part IV presents some final reflections, presenting the public choice and the thought of James M. Buchanan, as an alternative to the pessimist Schumpeterian view.
Resumen:
Este artículo examina la interpretación de Schumpeter sobre el proceso capitalista y desarrolla un análisis crítico de su explicación de por qué el capitalismo no puede sobrevivir. La Parte I se enfoca en el modo en que Schumpeter entiende el capitalismo. La Parte II estudia por qué, desde su punto de vista, el Capitalismo no puede sobrevivir. La Parte III analiza por qué en realidad es la alternativa política del socialismo, la que es impracticable y debe colapsar por sus contradicciones internas. La Parte IV arroja algunas reflexiones finales, presentando a la Teoría de la Elección Pública y el pensamiento de James M. Buchanan, como una alternativa al pesimista enfoque de Schumpeter.
Fuente: El Cato
por Adrián Ravier
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.
Pere Rusiñol ha publicado un polémico artículo en el diario Público de España que podemos resumir en los siguientes diez puntos: 1) que los fondos privados de pensiones que se manejan en los mercados mundiales alcanzan hoy los 12,7 millones de euros, el equivalente a 12 veces el PIB de España y el 27 % del PIB mundial; 2) que llegamos a estos niveles dada la proliferación de estudios en la segunda mitad de la década de 1990 elaborados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras que señalaban la quiebra de los sistemas públicos de pensiones y que reclamaban su privatización; 3) que de hecho, entre 1995 y 2000, los fondos privados vivieron un auge excepcional en todo el mundo, pasando a gestionar de 4,9 a 11,5 billones de euros; 4) que en España, tal expansión fue todavía mayor en términos relativos pasando, en el mismo período, de 13 a 38 mil millones de euros; 5) que si bien se esperaba la quiebra para el año 2000, el derrumbe no llegó y desde entonces los ejercicios de Seguridad Social se han cerrado siempre con “superávit”, acumulando ahorros que representan el 6 % del PIB; 6) que, en consecuencia, las pensiones que están en crisis no son las públicas, sino las privadas, las que estuvieron ligadas a la evolución de la bolsa y se hundieron con la crisis financiera internacional de 2008, mostrando el punto débil de la administración privada de pensiones; 7) que las cifras son demoledoras precisamente “en 2008”, donde los fondos privados en el mundo perdieron el 18,3 % de su valor, siendo todavía mayores las caídas en el Reino Unido, EE.UU. y Canadá; 8 ) que en EE.UU. la crisis de las pensiones ya ha estallado, siendo 31 los Estados que están amenazados de quedarse pronto sin dinero para pagar las pensiones prometidas por su sistema privado de capitalización; 9) que en Europa la situación no es mejor y que la recuperación que estamos viendo de las economías es débil; 10 ) que el escenario que se promueve ahora para las pensiones es el anglosajón, donde se fueron reduciendo las pensiones públicas para hacer inevitable el complemento privado.
El resumen refleja que el artículo está bien escrito, bien estructurado y bien documentado, pero intentaremos ofrecer una lectura diferente de los hechos.
La naturaleza coactiva de las pensiones (privadas y públicas)
En primer lugar, es un mito pensar que el sistema de pensiones en problemas que el autor comenta, sea privado. Lo cierto es que en ningún país del mundo se ha eliminado la naturaleza coactiva del sistema, otorgando verdadera libertad para que el trabajador disponga de los frutos de su trabajo y los asigne como mejor le parezca, asumiendo sus propios riesgos. Tanto en el sistema público y de reparto de España, como en el sistema de capitalización privada de Chile, los trabajadores tienen la obligación de aportar un porcentaje mínimo de su salario. Es importante señalar que la situación óptima es la de permitir que cada trabajador asigne el porcentaje que desee al sistema previsional, sea 0 o 100 %, según las preferencias subjetivas de cada individuo. Algunos dirán que algunos sujetos no serán previsores y no ahorrarán dinero para su futuro, pero esto se sostiene sólo si pensamos que el Estado sabe mejor que el propio individuo lo que es mejor para él.
El fracaso del sistema de reparto
En segundo lugar, resulta una fábula destacar los éxitos del sistema de reparto. Creado en 1889 con las mejores intenciones, el sistema de reparto implicaba una proporción en la que 30 trabajadores financiaban a un jubilado. Ya en siglo XXI, los cambios demográficos —la tendencia generaliza hacia una caída en la tasa de natalidad y los avances médicos que alargan la vida de las personas— han modificado esta proporción. Hoy sólo tres trabajadores financian a un jubilado y la proporción será cada vez menor.
El fracaso del sistema queda bien reflejado en las palabras de Alberto Benegas Lynch (h), cuando señala que “[l]os actuales jubilados reciben montos que no guardan relación alguna con lo que han aportado durante su vida activa y la perspectiva de los actuales aportantes se vislumbra como un camino hacia la miseria”.
Las pensiones privadas
En tercer lugar, y este sí es un elemento importante del artículo de Rusiñol, debemos ocuparnos por analizar la coyuntura que enfrentan las administradoras privadas en todo el mundo. Como he destacado en otro lugar, representa un enorme progreso abandonar el sistema de reparto como el de España y reemplazarlo por un sistema de capitalización privada como el de Chile.
En tal sentido están trabajando en España los miembros de la Asociación para la Reforma de las Pensiones. ¿Pero en qué consiste tal reforma? Simplemente en que el dinero vaya a una cuenta privada de cada persona. De ser un impuesto se convierte en ahorros personales. Uno es propietario del capital y este capital crece a un interés compuesto (interés que genera interés) durante treinta o cuarenta años. Cuando uno se jubila no tendrá por qué preocuparse de si el Estado cuidó bien su dinero o en qué condiciones está “la caja” de la Seguridad Social para determinar qué pensión podrá percibir dependiendo de la “bondad” del gobernante de turno. En un sistema de capitalización el dinero está invertido y lo que se percibe a modo de pensión tiene una fuerte relación con lo que se fue aportando y con la rentabilidad que obtuvo la empresa privada elegida.
Más aún, si fallezco antes de percibir estos ingresos, puedo convertirlos en una herencia para mis hijos. También se pueden crear incentivos para favorecer el ahorro y así lograr o jubilaciones más tempranas o rentas de mayor cuantía.
El exitoso caso de Chile
En el caso de Chile, en casi treinta años los fondos de pensiones no perdieron un solo peso. No sólo eso, el sistema se constituyó bajo la previsión de que iba a lograr una rentabilidad anual del 4% y, sin embargo, desde sus comienzos las empresas privadas han cosechado una rentabilidad superior al 10%.
Casi treinta años después, uno puede observar los exitosos resultados del sistema privado. No sólo se ha conseguido duplicar las pensiones que reciben los jubilados, sino que el ahorro que surge como resultado del sistema privado de pensiones ha dado lugar a enormes inversiones que favorecen el crecimiento económico y reducen al mínimo la tasa de desempleo. La reforma chilena fue, en última instancia, la reforma fundamental que causó su milagro económico, hasta el punto de colocar hoy a este país en una situación diferenciada del resto de Latinoamérica.
La crisis de las pensiones privadas
Pero detengámonos aquí por un momento. Decíamos recién que en un sistema de capitalización privada como el chileno, las administradoras de pensiones privadas canalizarán el ahorro de la gente hacia el mercado de capitales, financiando las inversiones de las empresas de mayor envergadura, las que además de crear empleo, potencian el crecimiento económico del país.
La crisis financiera internacional, sin embargo, ha dado un duro golpe a estos mercados en todo el mundo. Las acciones de muchas empresas importantes han caído, y muchas administradoras privadas de pensiones han visto decrecer su capital, aun cuando diversificaron el riesgo.
Esta es la coyuntura que relata Rusiñol para señalar los problemas de las administradoras privadas, inspirada en las sesgadas observaciones de Miren Etxezarreta y Alejandro Inurrieta.
Es cierto que no hay consenso sobre las causas de la crisis. Es cierto que ésta tuvo múltiples causas. Pero como ha señalado Robert Higgs, “[e]n EE.UU., las más importantes fueron las siguientes: la política monetaria de dinero fácil de la Reserva Federal (FED) entre 2001 y 2005, que estimuló el boom inmobiliario; las presiones que muchos burócratas y agencias gubernamentales ejercieron sobre los bancos y otros prestamistas para rebajar los estándares crediticios sobre la concesión de hipotecas, con el fin de prestar más a quienes querían comprar casas y carecían de las cualidades suficientes para recibir préstamos bajo los criterios de evaluación bancaria tradicionales; el rápido crecimiento de las muy apalancadas empresas semi-gubernamentales (GSE, government-sponsored enterprises) Fannie Mae y Freddie Mac, que actuaban como compradoras de hipotecas en el mercado secundario y emisoras de títulos para financiar sus propias operaciones; el fracaso de las (oficialmente privilegiadas) agencias de calificación para identificar los riesgos reales asociados con muchos de los derivados financieros que estaban basados en el flujo futuro esperado de los pagos de préstamos hipotecarios; y el fracaso de muchas instituciones financieras a la hora de reconocer los riesgos reales de sus inversiones, y evitar esos riesgos o protegerse o asegurarse adecuadamente de ellos”.
En pocas palabras, digamos que es difícil negar que han sido los propios estados y las autoridades monetarias las que han generado las burbujas inmobiliarias en EE.UU., Europa y también en algunos países en desarrollo.
Es el propio Estado también el que ha generado la crisis de las pensiones, tanto públicas como privadas. En el caso de las pensiones públicas por el exacerbado gasto público que se consumió no sólo los impuestos, sino también los ahorros de los trabajadores. En el caso de las administradoras de pensiones privadas porque el Estado ha creado burbujas bursátiles e inmobiliarias que se consumen el capital genuino de aquellos que lo trabajan, lo producen y lo ahorran.
Una respuesta al estudio de Rusiñol
Volviendo sobre la síntesis del artículo de Rusiñol, debemos señalar que los puntos 1 a 4 sólo demuestran la preferencia de la gente por el sistema de capitalización, y la tendencia de los gobiernos a ir buscando salidas al sistema de pensiones de reparto, a favor del sistema privado. Que tal expansión de los fondos privados ocurra como consecuencia de los estudios y documentos elaborados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras, es una observación miope, que desconfía del sentido crítico de los especialistas en la materia.
En relación con el punto 5, resulta un error conceptual tomar los saldos positivos de cada ejercicio de Seguridad Social como un superávit acumulado que la buena gestión del sistema de reparto está generando. Tal “superávit” no es comparable con la renta que una empresa obtiene luego de deducir de los ingresos generados, todas las erogaciones. En un sistema de pensiones, siempre la caja es positiva, porque justamente está acumulando ahorros que si son bien invertidos permitirán en el futuro ser devueltos al trabajador con la rentabilidad conseguida. Lo que sería interesante que Rusiñol analice, así como lo ha hecho con las pensiones privadas, es tomar la variación del capital acumulado por la Seguridad Social antes y después de la crisis financiera internacional. Sería natural que tales montos caigan, luego de una depresión de las características sufridas por España, Europa y el mundo. Si no cayeron, es debido simplemente a que esos fondos no estaban siendo invertidos en ningún proyecto de inversión, y estaban simplemente perdiendo el costo de oportunidad de obtener la renta para la cual son precisamente ahorrados.
Continuando con la síntesis, y como ya hemos señalado, los puntos 7 a 9 nos indican que las pensiones que están en crisis son tanto las públicas, como las privadas. Las primeras, de reparto, porque son insostenibles en el largo plazo, y en la medida que no se tomen medidas inmediatamente habrá dificultades para ofrecer a la actual población económicamente activa, pensiones que les permita tener una vida digna en el futuro. Las segundas, administradas de forma privada, porque no pueden estar exentas a las burbujas bursátiles e inmobiliarias que las autoridades monetarias generan en todo el mundo y que destruyen capital, fruto del manejo monopólico de la moneda.
Para cerrar, es natural que los gobiernos estén trabajando en una transición como la del modelo anglosajón. Abandonar el sistema de reparto de forma instantánea dejaría a los actuales jubilados sin pensiones, u obligaría a los gobiernos a asumir enormes deudas públicas que permitan sufragar la transición. Esto es la consecuencia lógica luego de que los aportes de los actuales pensionados, hayan sido consumidos por los gobiernos en períodos anteriores. De hecho, sería interesante calcular cuántos meses de pensiones se pagarían con el insignificante ahorro acumulado de la Seguridad Social, que Rusiñol estimó en el 6 % del PIB para España. ¿Alcanza este “superávit” para financiar las pensiones totales de todos aquellos que durante tres o cuatro décadas aportaron al sistema de reparto? Por supuesto que no.
De ahí que la transición necesite ir reduciendo gradualmente las pensiones públicas, para dar lugar a las pensiones privadas. Este es precisamente el desafío que los gobiernos deberán asumir en esta segunda década del siglo XXI y es Chile, a mí entender, el país que cuenta con el mayor éxito en esta tarea en el pasado.
La lección que nos debe dejar Rusiñol es que no alcanza con privatizar las pensiones y cruzarnos de brazos. Necesitamos una reforma integral del estado. Es preciso que además de ampliar las libertades de los trabajadores en relación con la disponibilidad de sus salarios, ataquemos el problema madre de la problemática actual, cual es el monopolio de la banca central en el manejo de la política monetaria.
Adrián Ravier publicó un nuevo ensayo en la Revista Europea de Economía Política, PROCESOS DE MERCADO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
A continuación se detallan los artículos incluídos en el primer ejemplar de 2010, Vol. VII, No. 1.
SUMARIO
Artículos
- Gabriel Calzada Álvarez, Raquel Merino Jara, Juan Ramón Rallo Juliá y José Ignacio García Bielsa: Study of the effects on employment of public aid to renewable energy sources
- Adrián Ravier: La curva de Phillips de pendiente positiva y la crisis de 2008
- Carlos Arturo Gómez Restrepo: Los desarrollos teóricos de la Escuela Austriaca de Economía inspirados en la Escuela de Salamanca. Validez en el estudio de problemas contemporáneos
- Ken Schoolland: Courage, fear and immigration: The significance of welcoming newcomers in a free economy
- Antonio Zanella: El uso de las matemáticas en la ciencia económica
- William Barnet II, Walter Block y Jerry Dauterive: Negative externalities of government
Notas
- Ludwig van den Hauwe: Free banking, the real-balance effect, and Walras’ Law
- Benito Arruñada: Crisis de responsabilidad en una democracia adolescente
- David Sanz Bas: Crítica a la teoría keynesiana del ciclo económico
- Jesús Huerta de Soto: A brief note on economic recessions, banking reform and the future of capitalism
- Philipp Bagus: The bailout of Greece and the instability of the Eurozone
- José Carlos Herrán Alonso: Instituciones y praxeología. Un análisis comparado
Documentos
- Ludwig von Mises: Efectos destructivos de la política intervencionista
- Friedrich A. Hayek: El carácter subjetivo de los datos de las ciencias sociales
Reseñas bibliográficas
Noticias
Sugerencias de nuevas lecturas
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por Adrián Ravier
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.
Cato. En mayo de 1937 el Dr. Fritz Machlup ofrecía una disertación en la Universidad de Minnesota en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la Reserva Federal de EE.UU. viene desarrollando bajo la dirección de Ben Bernanke.
Para dar un contexto a su artículo, entonces Machlup se encontraba analizando las políticas que el gobierno estadounidense y la autoridad monetaria venían practicando para intentar paliar el episodio económico más doloroso de la historia de EE.UU. Lo que a continuación sostenemos, es que el análisis causal del autor mantiene plena vigencia en lo que refiere a la crisis de 2008 y el intento por encontrar un camino de recuperación.
La respuesta de Machlup entonces implicó tres cuestiones: 1) ¿Sabemos lo que es un auge?, y ¿Podemos claramente identificar una situación dada como un auge? 2) Si sabemos lo que es un auge, y también cómo identificarlo, ¿sabemos cómo puede ser controlado? 3) Si sabemos lo que es un auge, cómo identificarlo, y también cómo podría ser controlado, ¿somos capaces de aplicar nuestro conocimiento y llevar a cabo las medidas que consideramos adecuadas?
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“Las políticas de estímulo, si bien han logrado evitar que la tasa de desempleo trepe a los niveles de la gran depresión de los años treinta, difícilmente podrán ser mantenidas en el tiempo debido al déficit fiscal sin precedentes que han provocado“. Adrian Ravier
Libertad Digital. A finales de 2007 estalló la burbuja inmobiliaria que se fue gestando desde la salida de la crisis de las puntocom de 2001. Desde entonces, la política monetaria y fiscal de la Reserva Federal y del gobierno americano sólo han intentado paliar la situación de corto plazo.
Entonces comenzó un debate entre académicos y empresarios, no sólo sobre el riesgo moral que tales políticas implicaban, sino también sobre la forma en que se desarrollaría la crisis. Algunos pocos analistas dijeron que la crisis tendría forma de V, esto es, que la crisis sería profunda, pero corta, y que la política económica permitiría abandonar la situación rápidamente gracias al rol activo que el sector público estaba asumiendo. Otros analistas más pesimistas dijeron que la crisis tendría forma de L, desatendiendo a las señales de recuperación, y señalando las dificultades para generar empleo y recuperar la actividad económica. Finalmente, un tercer grupo de analistas advirtió que la crisis tendría forma de W, esto es, cayendo en crisis y depresión, recuperándose en el corto plazo gracias a la política activa del sector público, pero cayendo nuevamente en depresión por la imposibilidad del gobierno de mantener tales políticas en el tiempo.
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por Adrian Ravier.
Mi amigo y colega Juan Ramón Rallo escribió una réplica el día de hoy a un artículo que publicara el 15 de julio proponiendo a los países miembros de la zona euro, abandonar el monopolio de la moneda en manos del Banco Central Europeo y recuperar las monedas nacionales en competencia, esto es eliminando el curso forzoso.
La réplica no sorprende si uno considera los riesgos de la implementación de mi propuesta —en línea con la de Richard Ebeling— según describiera al final de mi artículo. Mi objetivo aquí, sin embargo, es dar respuesta a los argumentos expuestos y citar la posición de Hayek al respecto.
En el primer párrafo del artículo Rallo explica que socialistas, economistas de Chicago y economistas bien intencionados liberales han alzado voces en contra de la moneda única europea. Vincular mi propuesta con la de los socialistas, algunos economistas de Chicago o incluso la de Paul Krugman, quien ha pedido en los últimos días abandonar el euro para poder devaluar, pienso que puede confundir a un lector distraído. Las propuestas difieren porque los argumentos difieren. Meter todo en una misma bolsa es tan equívoco como suponer que la Banca Simons y la propuesta de Jesús Huerta de Soto en defensa de un coeficiente de caja del 100 por cien, son iguales. Con esto quiero dejar claro que —al igual que Rallo— me opongo a los argumentos expuestos por otros teóricos que critican al euro.
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Publicado en El Cato Institute en español, 15 de julio de 2010.
por Adrián Ravier
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.
La crisis económica europea ha puesto en jaque al euro. Muchos analistas advierten que abandonarlo, implicará perder muchos de los logros alcanzados en las últimas décadas. En este artículo explicamos: 1) que los beneficios de la Unión Europea exceden a la creación del Euro, 2) que Hayek advirtió que la creación del Euro constituía un error hace 35 años y 3) que hoy es necesario aprovechar la oportunidad que se presenta para retroceder hacia la competencia de monedas nacionales. El artículo cierra considerando un riesgo al implementar la propuesta.
1. Los beneficios de formar parte de la Unión Europea
Hasta 1914 los países europeos practicaban políticas consistentes con la disciplina monetaria, fiscal e internacional. La disciplina monetaria estaba presente en el Patrón Oro que impedía a los gobiernos practicar políticas monetarias que permitan devaluar la moneda para ganar una supuesta competitividad. La disciplina fiscal estaba presente en el equilibrio entre ingresos y gastos que acotaba estos últimos al nivel de los impuestos que la gente estaba dispuesta a pagar. La disciplina en el comercio internacional estaba presente en la libertad de entrada y salida de capitales, bienes, servicios y personas. Las dos guerras mundiales y la gran depresión terminaron con ese estado de cosas.
Los países que hoy componen la Unión Europea, y en especial la zona euro, han trabajado durante mucho tiempo para conseguir un sistema que se asemeje a aquel, al menos para los países miembros. El proyecto de una moneda común como el euro permitiría reducir costos de transacción, evitar las devaluaciones competitivas y terminar con la inflación. El Tratado de Maastricht obligaría a los países miembros a acotar sus déficits y limitar su deuda. La apertura económica dentro del bloque permitiría a las personas de los países miembros comerciar libremente, como si todos pertenecieran a un mismo país.
No hubo que esperar mucho tiempo para observar cierta evidencia empírica que confirmaba —una vez más— que es real la tendencia de convergencia o igualación de salarios en países donde se permite la movilidad de factores de producción. Irlanda, por ejemplo, combinando la apertura económica con reducciones impositivas, logró “importar instituciones” del primer mundo, reducir el riesgo país, atraer consecuentemente inversión extranjera directa y emprender un crecimiento económico sostenido que le permitió reducir los niveles de desempleo (del 16 al 4%), multiplicar el PIB per cápita, reducir el nivel de deuda sobre PIB (de un 160 a un 40%) y cambiar la estructura de la economía desde la preponderancia del agro hacia la industria y los servicios (Ravier, 2005). España, por su parte, abandonó la política inflacionaria, deficitaria y proteccionista, lo que le permitió emprender un desarrollo genuino, dando lugar a acelerados niveles de crecimiento de su PIB per cápita. En palabras de Jorge Avila: “Después de cuatro siglos de declinación y con los mismos recursos naturales, en los últimos 25 años España ha dejado de ser una ballena anclada en los Pirineos para convertirse en un polo de atracción de emigrantes y capitales. ¿Qué cosa cambió? Su infraestructura institucional, que importó del mundo avanzado. Entró en la OTAN, entró en la Unión Europea y adoptó el euro en reemplazo de la peseta. En otras palabras, definió su política exterior, instauró el libre comercio con Francia, Alemania, Italia y los otros miembros de la Unión Europea y adoptó una unidad de cuenta estable. Adquirió instituciones irreversibles y su ingreso per cápita se acercó en la década de 2000 a 28.000 dólares por año (Avila, 2010).
Ante la crisis financiera internacional, el abandono del euro se presenta como el fin de todos estos beneficios. Sin embargo los beneficios alcanzados con la apertura económica dentro de la Unión Europea —ligado a los rígidos requisitos fiscales— deben ser separados de los perjuicios provocados por el euro.
Claramente el proceso de globalización y la integración económica se presenta en estos tiempos como la causa fundamental de la reducción de la pobreza y el desarrollo económico de aquellos países que alcanzan tasas de crecimiento de dos dígitos. Como ha mencionado Richard Ebeling “la integración económica y la prosperidad han sido posibles sin el monopolio de la moneda sobre todo el continente” (Ebeling 2010). De hecho, países como Inglaterra o Suiza que integran la Unión Europea, pero se mantuvieron fuera de la zona euro, no han sido ajenos a los beneficios de la globalización y la integración.
2. Hayek contra el euro en 1975
El Euro fue creado como un medio que le permitiera a la elite política europea, en especial, de Francia, competir con el dominio político y financiero de EE.UU. Todas las ventajas que se señalaron en distintos informes, como la reducción de los costos de transacción, son motivos secundarios. El objetivo final de la creación del euro fue crear los Estados Unidos de Europa, regulado y controlado centralizadamente desde Bruselas, con una especial influencia de las políticas de Paris y Berlín (Ebeling 2010).
En tal sentido, la política monetaria gestionada en forma centralizada desde el Banco Central Europeo es un ejemplo de lo que Friedrich A. von Hayek habría denominado la “fatal arrogancia”. Esta institución no tiene conocimiento de cuál ha de ser el nivel del tipo de interés, tampoco de cuánto dinero se necesita emitir, ni cuál sería un adecuado nivel del tipo de cambio.
Hace ya 35 años que Hayek alertó a Europa de los peligros de unificar la moneda europea eliminando la competencia de monedas nacionales que imperaba entonces. Tal competencia sería, en última instancia, el único modo de detener la inflación y la continua devaluación de la moneda local, en la medida que la gente rehusaría demandar una moneda de constante depreciación (Hayek, 1975).
La crisis que hoy enfrenta Europa, y en particular la burbuja inmobiliaria, ha sido el producto de la política monetaria del Banco Central Europeo, tal como hemos demostrado ya en otra oportunidad (Ravier, 2010).
La política monetaria laxa que gobernó al euro en los últimos años sólo ha dado lugar a reducciones artificiales de los tipos de interés que han provocado un largo proceso de mala-inversión, representado —por ejemplo— en numerosos edificios que de otro modo no se hubieran construido. En términos técnicos, esta política rompió la identidad entre ahorro e inversión y desencadenó una etapa de auge que necesariamente iba a terminar, en la medida que el Banco Central Europeo hallara dificultades para mantener bajos los niveles de interés. Esto efectivamente ocurrió hacia fines de 2007, cuando el riesgo inflacionario se hizo latente.
3. La oportunidad de abandonar el euro
Toda crisis ofrece una oportunidad. En este caso, los gobernantes de la zona euro tienen la posibilidad de admitir y aceptar que el plan Euro fue una mala idea. Esto les permitirá considerar el mejor modo de retroceder hacia monedas nacionales, algo que desde luego tendrá una dolorosa transición, a la que Ebeling se preocupó por encontrarle antecedentes.
“No es la primera vez que una moneda debe ser disuelta en distintas monedas nacionales. Esto ocurrió en 1919, durante la desintegración del viejo Imperio Austro-Húngaro en Europa Central; o más recientemente en el colapso de la Unión Soviética en quince repúblicas independientes, o incluso en la separación de Checoslovaquia en dos países, o en la quiebra de Yugoslavia.” […]
“Hay lecciones que aprender de estos casos históricos que deberán ser considerados cuidadosamente y aplicados para cerrar el experimento del Euro” (Ebeling, 2010).
El riesgo de la propuesta
Hay un riesgo, sin embargo, que acompaña la implementación de la propuesta. Paul Krugman ha pedido en numerosas ocasiones que Grecia, España o Italia abandonen el Euro para poder utilizar la política monetaria y así devaluar la moneda. En un artículo en el New York Times, decía sobre España: “Si España tuviera su antigua moneda, la peseta, podría remediar el problema rápidamente a través de una devaluación —digamos, reduciendo el valor de la peseta en un 20 por ciento contra las otras monedas europeas” (Krugman, 2010).
Las experiencias históricas europeas van también en este mismo sentido. Basta revisar algún libro de macroeconomía para recordar las experiencias históricas de devaluaciones competitivas entre Francia y Alemania.
¿Quién puede asegurarnos que la política monetaria, una vez recuperada, no será utilizada en el peor sentido? Pregunté esto a Richard Ebeling y me ofreció una respuesta que es útil para complementar su propio artículo.
Todas las formas de planificación central monetaria son indeseables, y tienden a ser abusadas por el control del gobierno. Pero en un mundo en el cual nos sometemos a sistemas de monopolio público de la moneda, y en el cual estos difícilmente sea abolidos en el corto plazo, Ebeling piensa que lo preferible es limitar el monopolio geográficamente a economías locales.
Coincido con Ebeling. Un sistema en el que haya tantos monopolios públicos de la moneda como países haya en Europa parece superior a un solo monopolista con capacidad para manejar una única moneda para toda la Unión Europea. Y más aun cuando los individuos cuentan con libertad de elegir entre todas las monedas europeas, lo cual se constituye en un importante limitante para la política inflacionaria de los bancos centrales.
Esto necesariamente abre un abanico de opciones para los usuarios quienes pueden analizar si la moneda local está siendo más abusada y depreciada en su valor relativo en relación con el grado de depreciación que sufren las monedas de los países vecinos.
Por supuesto, tal solución es una segunda —o tercera— opción en un mundo políticamente imperfecto que difícilmente se abra a políticas liberales clásicas y a una economía pura de mercado.
El presente trabajo es una adaptación de otro titulado “El fin del euro”, publicado en la revista GPS Económico, No. 6, de julio de 2010.
Bibliografía
Avila, Jorge (2010), Antídotos contra el riesgo-argentino, Cap. 1: Alberdi y el costo del repudio, UCEMA.
Ebeling, Richard (2010), Competitive Currencies Instead of the Euro Monopoly, Northwood University.
Hayek, Friedrich A. von (1975), Choice in currency. A way to stop inflation, Institute of Economic affairs, London.
Krugman, Paul (2010), The making of a Euromess, The New York Times, February 14th, 2010.
Ravier, Adrián (2010), La burbuja inmobiliaria de España, GPS Económico, No. 1, marzo de 2010.
Ravier, Adrián (2005), El caso de Irlanda. El milagro del Tigre Celta, en Políticas Liberales Exitosas, RELIAL, Fundación Atlas 1853 y Fundación Friedrich Naumann, pp. 67-73.
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El jueves 15 de abril de 2010 en el programa radial conducido por Roberto Cachanosky y la participación de Gustavo Lázzari se entrevistó a Adrián Ravier (actual profesor de la Universidad Francisco Marroquín) sobre la publicación de su libro “En busca del pleno empleo“.
Aquí la entrevista en audio:
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Adrián Ravier acaba de publicar su nuevo libro sobre estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada, titulado “En busca del pleno empleo“.
RESEÑA
Esta obra se inscribe en la tradición iniciada por Roger W. Garrison de intentar hacer comprensible y de extender las ideas del paradigma austriaco al mainstream neoclásico. Adrián Ravier lo hace en su primer libro, sintetizando la macroeconomía austriaca del capital. En su segundo libro, presentando un estudio de economía comparada, apoyándose en la tradición austriaca para fundamentar una Curva de Phillips de pendiente positiva, que contradice los conocidos estudios de Phillips, Samuelson, Solow, Friedman, Phelps y Lucas, entre otros. En su tercer libro, ampliando el debate de «reglas versus discrecionalidad», sobre la base de los escritos de Hayek. continue
por Adrián Ravier, economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek (Argentina).
Fuente: El Cato
Es irrelevante debatir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del estado o no. En la medida que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.
En este 2010 AA cumplirá 60 años de vida. Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, esta aerolínea es hoy la mayor de su país, concentrando —según un informe del Banco Ciudad— alrededor de un 90 por ciento de la demanda de vuelos de cabotaje. Su único competidor, la empresa chilena Lan, concentra el 10 por ciento restante.
AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en Sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. En 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de re-nacionalizaciones del gobierno de los Kirchner, volviendo a la administración pública.
Los problemas sindicales continúan. Los subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia.