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Publicado en Libre Mercado :: Libertad Digital / 03/10/2011
La crisis económica que estamos viviendo es el resultado directo de la expansión crediticia de los países miembros de la zona euro. Los Estados griego, irlandés, portugués y español han expandido crédito sin base en ahorro real, han reducido los tipos de interés de manera artificial, y han creando la ilusión de que en sus economías había dinero para invertir y crear riqueza. La expansión la prolongaron durante más de 10 años, y la crisis creada por el artificio estatista de los diferentes estados europeos aún no ha mostrado su lado más duro y difícil.
Estamos asistiendo a una de las mayores crisis político-económicas de la historia. Sin embargo, el centro político de la Unión Europea pretende animar y transmitir confianza a toda la ciudadanía de la zona euro explicándonos cómo harán para sacarnos de la crisis. Resulta paradójico que un Super-Papá-Estado pretenda explicarnos a mí, y a ti, cómo hará para rescatarnos de las irresponsabilidades político-económicas que los diferentes Papás-Estados han creado.
Pero ¿realmente la Unión Europea tiene una solución a los problemas económicos y financieros que sufren los distintos estados? El panorama a corto y medio plazo es el siguiente. A mediados de octubre se habrán aprobado las reformas del nuevo mecanismo de rescate (presentado por el Eurogrupo el 21 de julio) con el visto bueno de los 6 países restantes que se sumarán al anhelo germano de una “Unión Europea estable”. Seguidamente, con la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, se realizará un “rescate” masivo de los países con problemas de deuda (que amenazan la estabilidad y credibilidad de la zona euro y su moneda). A través del FEEF se recomprará deuda de los países con mayores problemas financieros, y se recapitalizarán algunos bancos “demasiado grandes para caer”. Así, la UE seguirá generando una nueva oleada de ilusión de estabilidad financiera que hará subir algunos puntos las bolsas de la comunidad. En pocas palabras, deuda que sigue generando más y más deuda en toda la zona euro. Finalmente nos dirán que el fondo no es suficiente, y los distintos estados con problemas de deuda necesitarán, como es lógico, más y más deuda para recapitalizarse. Deuda, querido lector, que siempre, tarde o temprano, la ciudadanía activa de los diferente estados debe pagar con su bolsillo a costa de mayor trabajo, sacrificio, tiempo y energía.
Lo que está en crisis, estimado lector, es el estatismo nacional (a través de un sistema económico-financiero absolutamente deficiente) que ha manipulado la economía creando burbujas (en nuestro caso principalmente inmobiliarias); y el estatismo europeo que está creando organismos y políticas interventoras, prosiguiendo con las mismas políticas keynesianas, con ingentes cantidades de dinero creado de la nada, procurando crear y sostener la ilusión de progreso, estabilidad y riqueza que a largo plazo se transformarán, sin duda, en un retroceso considerable del nivel de vida europeo, inestabilidad económica y financiera por muchos años, y pobreza creciente para nuestros hijos y nietos.
Resulta urgente, por tanto, una reforma real del sistema financiero y bancario en todos los estados miembros de la Unión Europea que acabe con todos los organismos actuales y venideros que pretendan manipular la moneda. Sobre dichas reformas escuchará poco y nada en los medios de confusión, pero ten muy presente que la deuda, la irresponsabilidad estatista nacional y la mentira europea la pagas tú y tus generaciones venideras.
Leonardo Ravier es Secretario de Política Económica del P-Lib
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La “Metodología de la economía positiva” de Milton Friedman (1958) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos de una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo.
El trabajo fue el origen de generaciones de economistas que han intentado desarrollar teorías económicas que describían poco y nada el mundo en el que vivimos, pero intentaban predecir sucesos futuros.
Tras la crisis financiera internacional, y tras la incapacidad de dichas generaciones de economistas por predecirla, se han alzado cientos de voces de los más prestigiosos economistas del mundo, reclamando el fin de la economía neoclásica, alegando que para predecir los sucesos futuros que sobrevendrán en la economía real es necesario primero comprenderlo, y que los supuestos irreales son sólo un “juego de niños” que distraen el intelecto de los economistas en un sentido opuesto al que se requiere.
Estos economistas señalan el abuso de la matemática en economía y abogan por el fin de los modelos de equilibrio general o parcial, con información plena o relevante, pidiendo el retorno de la filosofía de la incertidumbre y los desequilibrios.
Lo cierto es que más allá de este reclamo, la mayoría de los economistas siguen haciendo su ciencia como si nada hubiera ocurrido. Si el reclamo tendrá o no algún tipo de respuesta, aun no lo sabemos. Es por ello que propongo un ejercicio. Imaginemos que los economistas deciden abandonar la síntesis neoclásica. ¿Qué escenario enfrentaría la profesión?
¿Qué engloba la economía neoclásica?
Tratemos de dar respuesta primero a qué escuelas de pensamiento engloba la economía neoclásica. Qué es lo que en definitiva se pierde con tal hipotético suceso.
Desaparecería la economía monetarista o Escuela de Chicago, aquella iniciada en los trabajos de Irving Fisher, Frank Knight y Jacob Viner, que alcanzaran su máxima expresión en los escritos de Milton Friedman, y que ha dado lugar a numerosos premios Nobel, como Gary Becker o Edmund Phelps.
También desaparecería la Nueva Macroeconomía Clásica, en la que contribuyeron John Muth, Robert Lucas, Thomas Sargent y Robert Barro, con sus modelos de expectativas racionales e “información relevante”. Esta escuela en cierta medida reemplazó al monetarismo de Chicago, absorbiendo a sus principales figuras y ocupando la escena en la vieja Escuela de Chicago.
En el mismo entorno, aparece el Public Choice o Escuela de la Elección Pública de James M. Buchanan o la Nueva Economía Institucional de Douglass North. Es cierto que James M. Buchanan aboga por estudiar la cataláctica de Mises y Hayek, y rescata la economía política, no matemática, pero por desgracia, gran parte de la teoría contemporánea de la Elección Pública ha sido moldeada por la corriente dominante. También es cierto que Douglass North o Ronald Coase han destacado el rol de las instituciones en el análisis económico, tan necesario como importante, pero los modernos desarrollos de la tradición, siguen también la corriente y el método mainstream.
No podemos olvidarnos de la síntesis neoclásica del keynesianismo. Aquella que John Hicks y Paul Samuelson, entre tantos otros, contribuyeron a formular, y que dominaron por unas tres décadas entre 1940 y 1970, hasta que la contrarrevolución monetarista entró en escena. Es importante señalar que los macroeconomistas hoy exigen abandonar el anticuado modelo IS-LM.
¿Qué autores y Escuela de pensamiento no han sido absorbidas por la síntesis neoclásica?
Quedan los autores previos a la revolución marginal, lo que de algún modo lleva a retornar hacia los griegos, la escolástica o los clásicos. Seguramente en la tradición clásica hay teorías que sería necesario recuperar.
También queda la Escuela Austríaca de Economía, que más allá de que su fundador, Carl Menger, participó de la revolución marginal, nunca adhirió a la economía matemática y a los modelos de equilibrio (aunque la macroeconomía de Hayek sí se adhirió en los años 1930). Ludwig von Mises, sobre las bases de los trabajos de Menger y Böhm Bawerk reconstruyó la teoría económica en su tratado “La acción humana”, donde justamente abogaba por estudiar la economía partiendo del hombre de carne y hueso, y fijando todo el interés en el realismo de las implicaciones lógicas que se obtienen de la acción, la que es necesariamente individual, subjetiva y dinámica, además de estar enmarcada en la incertidumbre.
En el otro extremo, vuelve Karl Marx, aunque limitado a las preguntas que todavía no encuentran respuesta tras el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo de 1920, y que se reprodujera en los años 1930, entre Lange y Hayek. En su ya clásico libro titulado “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”, donde justamente repasa dicho debate, el propio Jesús Huerta de Soto señala que Marx, tiene “curiosas coincidencias con el análisis del proceso de mercado de los teóricos austríacos”.
También retorna John Maynard Keynes, como ha reclamado su biógrafo Robert Skydelsky. “Debemos distinguir al Keynes hombre, del Keynes mito”, señalaba Ricardo Crespo, quien agrega que Keynes en 1946 declaró no ser keynesiano”. Esto por supuesto da lugar también a los trabajos de Axel Leijonhufvud, quien intenta recuperar a Keynes de la síntesis neoclásica que se había construido sobre él.
Tampoco podemos olvidarnos de la Economía Social de Mercado, en la que ha contribuido Wilhelm Röpke, Ludwig Erhard y Walter Eucken y donde hoy se destacan algunos defensores modernos como Marcelo Resico.
Para terminar, existen numerosos movimientos heterodoxos que son menos conocidos, que han criticado el enfoque neoclásico y que reclamarían su lugar.
Reflexión final
Un suceso hipotético como el mencionado, llevará a la profesión a retroceder, quitar aquello que no sirve, tomar aquello que queda, y ver dónde estamos.
Por supuesto que el debate entre Estado y Mercado continuará independientemente del lenguaje y los métodos que los economistas elijan para debatir. Pero lo dicho nos deja un escenario renovado y diferente.
Nos deja con algunos marxistas en defensa de un socialismo golpeado, tras la caída de todos los régimenes en el este de Europa y la imposibilidad de dar respuesta al planteo original de Ludwig von Mises en 1920. De hecho, la hipotética respuesta de equilibrio desarrollada por Oskar Lange y otros socialistas, considerada como un desvío indebido al debate, caería junto con la crisis del paradigma neoclásico.
Keynes resurge, pero su intervencionismo también está limitado a los procesos inflacionarios que supo generar en los años 1970 y que dieron lugar a la contrarrevolución monetarista y el resurgimiento austríaco. Difícilmente este keynesianismo vuelva a plantear la política monetaria y fiscal activa que reclamaba en los años 1930, o el mercantilismo proteccionista exacerbado que Keynes promovió en vida. Más bien, parecieran moderarse a que tales políticas sólo pueden ser útiles en circunstancias puntuales como la de aquella gran depresión de los años 1930, o los sucesos que hoy mismo estamos enfrentando tras la gran depresión global.
La Economía Social de Mercado es todavía un movimiento demasiado chico, y no tiene hoy centros de investigación, más allá de las contribuciones de la Fundación Konrad Adenauer. Tampoco parece representar todavía una escuela de pensamiento independiente, ajena al keynesianismo y a la Escuela Austríaca de la cual se nutrieron originalmente, aunque sí puede permitir un diálogo fructífero entre éstos, y ofrecer un punto intermedio de política económica
Y tenemos a la Escuela Austríaca, que resurge y crece, tomando un destacado lugar en algunos centros académicos como el de la George Mason University, el Cato Institute y el Ludwig von Mises Institute, el de la Universidad Rey Juan Carlos (España), el de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), o el de ESEADE (Argentina), además de participar activamente en las revistas científicas más renombradas.
Demás está decir que un suceso hipotético como el imaginado dará lugar a ciertos replanteos dentro de las escuelas de pensamiento caídas, como el monetarismo, el public Choice o la nueva economía institucional, que posiblemente se reconstruyan y den lugar a nuevos movimientos.
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En la última reunión anual de la Asociación Argentina de Economía Política presenté un trabajo preliminar que titulé “Replanteando el debate entre Hayek y Keynes. Un aporte a la macroeconomía del capital“, el que ya se encuentra disponible on line en la página web de la AAEP.
Si bien el mismo ha sufrido desde entonces varios cambios, mantiene todavía su esencia respecto de un ensayo de próxima publicación.
El trabajo recibió un interesante comentario del Dr. Ricardo Crespo, que aun no podemos ofrecer, pero que estimamos estará on line en los próximos días.
La AAEP reúne una vez al año a los más destacados economistas de la Argentina, además de importantes invitados especiales de carácter internacional. En esta reunión anual participaron Jorge Avila, Juan Carlos De Pablo, Pablo Fanelli, Enrique Bour o Daniel Heyman, entre los locales, e incluso Axel Leijonhufvud y Julio Olivera como oradores invitados.
“Replanteando el debate entre Hayek y Keynes. Un aporte a la macroeconomía del capital“
Abstract
Este trabajo se propone avanzar sobre el modelo desarrollado por Roger Garrison conocido como la macroeconomía de la estructura del capital. Mientras que el modelo original se planteaba –partiendo del equilibrio con pleno empleo – explicar por qué llegamos a una situación de crisis y depresión, aquí nos proponemos plantear –partiendo del equilibrio con desempleo- por qué la política monetaria expansiva no representa una salida a tal situación. El modelo es complementario, pero al mismo tiempo superador, ya que logra solucionar algunos de los problemas del modelo original. El estudio ofrece, al mismo tiempo, una nueva lectura del debate entre Hayek y Keynes que surgió en torno a la gran depresión.
Adrián Ravier publicó un nuevo ensayo en la Revista Europea de Economía Política, PROCESOS DE MERCADO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
A continuación se detallan los artículos incluídos en el primer ejemplar de 2010, Vol. VII, No. 1.
SUMARIO
Artículos
- Gabriel Calzada Álvarez, Raquel Merino Jara, Juan Ramón Rallo Juliá y José Ignacio García Bielsa: Study of the effects on employment of public aid to renewable energy sources
- Adrián Ravier: La curva de Phillips de pendiente positiva y la crisis de 2008
- Carlos Arturo Gómez Restrepo: Los desarrollos teóricos de la Escuela Austriaca de Economía inspirados en la Escuela de Salamanca. Validez en el estudio de problemas contemporáneos
- Ken Schoolland: Courage, fear and immigration: The significance of welcoming newcomers in a free economy
- Antonio Zanella: El uso de las matemáticas en la ciencia económica
- William Barnet II, Walter Block y Jerry Dauterive: Negative externalities of government
Notas
- Ludwig van den Hauwe: Free banking, the real-balance effect, and Walras’ Law
- Benito Arruñada: Crisis de responsabilidad en una democracia adolescente
- David Sanz Bas: Crítica a la teoría keynesiana del ciclo económico
- Jesús Huerta de Soto: A brief note on economic recessions, banking reform and the future of capitalism
- Philipp Bagus: The bailout of Greece and the instability of the Eurozone
- José Carlos Herrán Alonso: Instituciones y praxeología. Un análisis comparado
Documentos
- Ludwig von Mises: Efectos destructivos de la política intervencionista
- Friedrich A. Hayek: El carácter subjetivo de los datos de las ciencias sociales
Reseñas bibliográficas
Noticias
Sugerencias de nuevas lecturas
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Publicado en El Cato Institute en español, 15 de julio de 2010.
por Adrián Ravier
Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.
La crisis económica europea ha puesto en jaque al euro. Muchos analistas advierten que abandonarlo, implicará perder muchos de los logros alcanzados en las últimas décadas. En este artículo explicamos: 1) que los beneficios de la Unión Europea exceden a la creación del Euro, 2) que Hayek advirtió que la creación del Euro constituía un error hace 35 años y 3) que hoy es necesario aprovechar la oportunidad que se presenta para retroceder hacia la competencia de monedas nacionales. El artículo cierra considerando un riesgo al implementar la propuesta.
1. Los beneficios de formar parte de la Unión Europea
Hasta 1914 los países europeos practicaban políticas consistentes con la disciplina monetaria, fiscal e internacional. La disciplina monetaria estaba presente en el Patrón Oro que impedía a los gobiernos practicar políticas monetarias que permitan devaluar la moneda para ganar una supuesta competitividad. La disciplina fiscal estaba presente en el equilibrio entre ingresos y gastos que acotaba estos últimos al nivel de los impuestos que la gente estaba dispuesta a pagar. La disciplina en el comercio internacional estaba presente en la libertad de entrada y salida de capitales, bienes, servicios y personas. Las dos guerras mundiales y la gran depresión terminaron con ese estado de cosas.
Los países que hoy componen la Unión Europea, y en especial la zona euro, han trabajado durante mucho tiempo para conseguir un sistema que se asemeje a aquel, al menos para los países miembros. El proyecto de una moneda común como el euro permitiría reducir costos de transacción, evitar las devaluaciones competitivas y terminar con la inflación. El Tratado de Maastricht obligaría a los países miembros a acotar sus déficits y limitar su deuda. La apertura económica dentro del bloque permitiría a las personas de los países miembros comerciar libremente, como si todos pertenecieran a un mismo país.
No hubo que esperar mucho tiempo para observar cierta evidencia empírica que confirmaba —una vez más— que es real la tendencia de convergencia o igualación de salarios en países donde se permite la movilidad de factores de producción. Irlanda, por ejemplo, combinando la apertura económica con reducciones impositivas, logró “importar instituciones” del primer mundo, reducir el riesgo país, atraer consecuentemente inversión extranjera directa y emprender un crecimiento económico sostenido que le permitió reducir los niveles de desempleo (del 16 al 4%), multiplicar el PIB per cápita, reducir el nivel de deuda sobre PIB (de un 160 a un 40%) y cambiar la estructura de la economía desde la preponderancia del agro hacia la industria y los servicios (Ravier, 2005). España, por su parte, abandonó la política inflacionaria, deficitaria y proteccionista, lo que le permitió emprender un desarrollo genuino, dando lugar a acelerados niveles de crecimiento de su PIB per cápita. En palabras de Jorge Avila: “Después de cuatro siglos de declinación y con los mismos recursos naturales, en los últimos 25 años España ha dejado de ser una ballena anclada en los Pirineos para convertirse en un polo de atracción de emigrantes y capitales. ¿Qué cosa cambió? Su infraestructura institucional, que importó del mundo avanzado. Entró en la OTAN, entró en la Unión Europea y adoptó el euro en reemplazo de la peseta. En otras palabras, definió su política exterior, instauró el libre comercio con Francia, Alemania, Italia y los otros miembros de la Unión Europea y adoptó una unidad de cuenta estable. Adquirió instituciones irreversibles y su ingreso per cápita se acercó en la década de 2000 a 28.000 dólares por año (Avila, 2010).
Ante la crisis financiera internacional, el abandono del euro se presenta como el fin de todos estos beneficios. Sin embargo los beneficios alcanzados con la apertura económica dentro de la Unión Europea —ligado a los rígidos requisitos fiscales— deben ser separados de los perjuicios provocados por el euro.
Claramente el proceso de globalización y la integración económica se presenta en estos tiempos como la causa fundamental de la reducción de la pobreza y el desarrollo económico de aquellos países que alcanzan tasas de crecimiento de dos dígitos. Como ha mencionado Richard Ebeling “la integración económica y la prosperidad han sido posibles sin el monopolio de la moneda sobre todo el continente” (Ebeling 2010). De hecho, países como Inglaterra o Suiza que integran la Unión Europea, pero se mantuvieron fuera de la zona euro, no han sido ajenos a los beneficios de la globalización y la integración.
2. Hayek contra el euro en 1975
El Euro fue creado como un medio que le permitiera a la elite política europea, en especial, de Francia, competir con el dominio político y financiero de EE.UU. Todas las ventajas que se señalaron en distintos informes, como la reducción de los costos de transacción, son motivos secundarios. El objetivo final de la creación del euro fue crear los Estados Unidos de Europa, regulado y controlado centralizadamente desde Bruselas, con una especial influencia de las políticas de Paris y Berlín (Ebeling 2010).
En tal sentido, la política monetaria gestionada en forma centralizada desde el Banco Central Europeo es un ejemplo de lo que Friedrich A. von Hayek habría denominado la “fatal arrogancia”. Esta institución no tiene conocimiento de cuál ha de ser el nivel del tipo de interés, tampoco de cuánto dinero se necesita emitir, ni cuál sería un adecuado nivel del tipo de cambio.
Hace ya 35 años que Hayek alertó a Europa de los peligros de unificar la moneda europea eliminando la competencia de monedas nacionales que imperaba entonces. Tal competencia sería, en última instancia, el único modo de detener la inflación y la continua devaluación de la moneda local, en la medida que la gente rehusaría demandar una moneda de constante depreciación (Hayek, 1975).
La crisis que hoy enfrenta Europa, y en particular la burbuja inmobiliaria, ha sido el producto de la política monetaria del Banco Central Europeo, tal como hemos demostrado ya en otra oportunidad (Ravier, 2010).
La política monetaria laxa que gobernó al euro en los últimos años sólo ha dado lugar a reducciones artificiales de los tipos de interés que han provocado un largo proceso de mala-inversión, representado —por ejemplo— en numerosos edificios que de otro modo no se hubieran construido. En términos técnicos, esta política rompió la identidad entre ahorro e inversión y desencadenó una etapa de auge que necesariamente iba a terminar, en la medida que el Banco Central Europeo hallara dificultades para mantener bajos los niveles de interés. Esto efectivamente ocurrió hacia fines de 2007, cuando el riesgo inflacionario se hizo latente.
3. La oportunidad de abandonar el euro
Toda crisis ofrece una oportunidad. En este caso, los gobernantes de la zona euro tienen la posibilidad de admitir y aceptar que el plan Euro fue una mala idea. Esto les permitirá considerar el mejor modo de retroceder hacia monedas nacionales, algo que desde luego tendrá una dolorosa transición, a la que Ebeling se preocupó por encontrarle antecedentes.
“No es la primera vez que una moneda debe ser disuelta en distintas monedas nacionales. Esto ocurrió en 1919, durante la desintegración del viejo Imperio Austro-Húngaro en Europa Central; o más recientemente en el colapso de la Unión Soviética en quince repúblicas independientes, o incluso en la separación de Checoslovaquia en dos países, o en la quiebra de Yugoslavia.” […]
“Hay lecciones que aprender de estos casos históricos que deberán ser considerados cuidadosamente y aplicados para cerrar el experimento del Euro” (Ebeling, 2010).
El riesgo de la propuesta
Hay un riesgo, sin embargo, que acompaña la implementación de la propuesta. Paul Krugman ha pedido en numerosas ocasiones que Grecia, España o Italia abandonen el Euro para poder utilizar la política monetaria y así devaluar la moneda. En un artículo en el New York Times, decía sobre España: “Si España tuviera su antigua moneda, la peseta, podría remediar el problema rápidamente a través de una devaluación —digamos, reduciendo el valor de la peseta en un 20 por ciento contra las otras monedas europeas” (Krugman, 2010).
Las experiencias históricas europeas van también en este mismo sentido. Basta revisar algún libro de macroeconomía para recordar las experiencias históricas de devaluaciones competitivas entre Francia y Alemania.
¿Quién puede asegurarnos que la política monetaria, una vez recuperada, no será utilizada en el peor sentido? Pregunté esto a Richard Ebeling y me ofreció una respuesta que es útil para complementar su propio artículo.
Todas las formas de planificación central monetaria son indeseables, y tienden a ser abusadas por el control del gobierno. Pero en un mundo en el cual nos sometemos a sistemas de monopolio público de la moneda, y en el cual estos difícilmente sea abolidos en el corto plazo, Ebeling piensa que lo preferible es limitar el monopolio geográficamente a economías locales.
Coincido con Ebeling. Un sistema en el que haya tantos monopolios públicos de la moneda como países haya en Europa parece superior a un solo monopolista con capacidad para manejar una única moneda para toda la Unión Europea. Y más aun cuando los individuos cuentan con libertad de elegir entre todas las monedas europeas, lo cual se constituye en un importante limitante para la política inflacionaria de los bancos centrales.
Esto necesariamente abre un abanico de opciones para los usuarios quienes pueden analizar si la moneda local está siendo más abusada y depreciada en su valor relativo en relación con el grado de depreciación que sufren las monedas de los países vecinos.
Por supuesto, tal solución es una segunda —o tercera— opción en un mundo políticamente imperfecto que difícilmente se abra a políticas liberales clásicas y a una economía pura de mercado.
El presente trabajo es una adaptación de otro titulado “El fin del euro”, publicado en la revista GPS Económico, No. 6, de julio de 2010.
Bibliografía
Avila, Jorge (2010), Antídotos contra el riesgo-argentino, Cap. 1: Alberdi y el costo del repudio, UCEMA.
Ebeling, Richard (2010), Competitive Currencies Instead of the Euro Monopoly, Northwood University.
Hayek, Friedrich A. von (1975), Choice in currency. A way to stop inflation, Institute of Economic affairs, London.
Krugman, Paul (2010), The making of a Euromess, The New York Times, February 14th, 2010.
Ravier, Adrián (2010), La burbuja inmobiliaria de España, GPS Económico, No. 1, marzo de 2010.
Ravier, Adrián (2005), El caso de Irlanda. El milagro del Tigre Celta, en Políticas Liberales Exitosas, RELIAL, Fundación Atlas 1853 y Fundación Friedrich Naumann, pp. 67-73.
Adrián Ravier acaba de publicar su nuevo libro sobre estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada, titulado “En busca del pleno empleo“.
RESEÑA
Esta obra se inscribe en la tradición iniciada por Roger W. Garrison de intentar hacer comprensible y de extender las ideas del paradigma austriaco al mainstream neoclásico. Adrián Ravier lo hace en su primer libro, sintetizando la macroeconomía austriaca del capital. En su segundo libro, presentando un estudio de economía comparada, apoyándose en la tradición austriaca para fundamentar una Curva de Phillips de pendiente positiva, que contradice los conocidos estudios de Phillips, Samuelson, Solow, Friedman, Phelps y Lucas, entre otros. En su tercer libro, ampliando el debate de «reglas versus discrecionalidad», sobre la base de los escritos de Hayek. continue
por Adrián Ravier, economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek (Argentina).
Fuente: El Cato
Es irrelevante debatir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del estado o no. En la medida que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.
En este 2010 AA cumplirá 60 años de vida. Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, esta aerolínea es hoy la mayor de su país, concentrando —según un informe del Banco Ciudad— alrededor de un 90 por ciento de la demanda de vuelos de cabotaje. Su único competidor, la empresa chilena Lan, concentra el 10 por ciento restante.
AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en Sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. En 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de re-nacionalizaciones del gobierno de los Kirchner, volviendo a la administración pública.
Los problemas sindicales continúan. Los subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia.
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Una sistema de patrón oro sería –en pocas palabras– una enorme traba para mantener la actual estructura de gasto público, y más aún, volvería inviables los intentos de incrementar aún más los roles del Estado sobre la economía.
Hace un mes tuve la oportunidad de presentar ante la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) una lectura austríaca de la crisis financiera internacional. La AAEP reúne cada año a cientos de los más distinguidos economistas del país, donde la mayoría de los participantes no son necesariamente formados en la tradición de Mises y Hayek.
Mi presentación fue de unos 20 minutos, a partir de los cuales, se desarrollaron más tarde dos comentarios. Quiero hacer alusión aquí al segundo de ellos, correspondiente a la profesora de la Universidad de Buenos Aires, Lidia Rosignuolo.
Debo decir que su comentario fue sumamente positivo para con mi trabajo, pero cerró con la siguiente afirmación: “En los comentarios finales y a modo de conclusión, Adrián plantea aquella vieja idea de Von Hayek, que sostenía que la eliminación de los bancos centrales y del dinero público era la manera más eficiente para evitar el ciclo económico. En mi opinión, esta idea de Von Hayek, por su muy baja probabilidad de aplicación, atenta per se contra la divulgación de las ideas de la escuela austríaca”.
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Adrián Ravier fue invitado por la Fundación Ecuador Libre para participar de un ciclo de conferencias bajo el nombre “Universidad de la Libertad, Claves para una Sociedad Libre en Ecuador” en donde se pronunció sobre “Economía de Mercado” y “Ciclos Económicos”.
Tras el evento Adrián Ravier fue entrevistado por Vistazo, una de las principales revistas del país.
Adrián Ravier, investigador de la fundación argentina Friedrich A. von Hayek, cree que en 2010 hay que ser muy cauto con las inversiones, puesto que los estragos de la crisis aún estarán latentes. Este doctor en Economía teme que un déficit en las cuentas fiscales del país pueda poner en riesgo la dolarización. “Porque si Ecuador no se quiere endeudar o no le prestar plata: ¿qué alternativas tiene para financiar el gasto?“, se pregunta Ravier.
¿Se ve un respito de la crisis en 2010?
Lo peor ya pasó. Desde mi punto de vista va a ser muy cortita la recuperación, es posible que el mundo caiga de nuevo en una crisis en 2011-2012. Depende de lo que haga Estados Unidos. Soy de la opinión de que hay que ser cautelosos y esperar. Hoy no abriría un nuevo negocio. Podemos ir hacia un estancamiento bastante prolongado.
¿Tal vez se debería minimizar el gasto público?
La verdad es que bajar el gasto público es políticamente inviable, entonces vas a tener que crear una fuente de financiamiento. Cuando eso ocurre hay una presión muy fuerte a volver a una moneda propia que permita, a través de la inflación, financiar el gasto público.
El problema es que ahora para mantener este nivel de gastos dependes de que los ingresos sigan siendo tan altos como lo son hoy, gracias a los precios internacionales. Supongamos que a futuro los precios de estos commodities bajan, la recaudación impositiva va a bajar. Entonces vas a tener un déficit muy fuerte en las cuestiones fiscales.
¿Qué hacer para reducir el desempleo?
Si quieres generar empleo necesitas una apertura económica, esto significa exportar e importar todo lo que quiera. Tenemos que eliminar las trabas que impiden esa generación de empleo. Si obligas (al empresario) a pagar más salario del que puede pagar, a la larga es un riesgo muy grande para que cierren y se vayan. El salario lo determina la productividad. Si yo soy empresario, voy a incorporar una persona más a mi empresa, sólo si me aporta más de lo que voy a pagar.
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Adrian Ravier junto al busto de Ludwig von Mises, en la Biblioteca de la UFM.
La Curva de Phillips de pendiente positiva y la crisis de 2008 es el nombre del artículo que Adrián Ravier, profesor invitado de la Universidad Francisco Marroquín, expuso durante la XLIV Reunión Anual de la Asociación Argentina de Economía Política celebrada del 18 al 20 de noviembre de 2009.
El trabajo presenta un sumario de la macroeconomía del capital fundamentada en la tradición de la Escuela Austriaca, principalmente en el pensamiento de Friedrich A. Hayek, que se muestra como una alternativa a las teorías keynesianas y neoclásicas.
El objetivo particular es presentar una Curva de Phillips alternativa a la keynesiana, a la monetarista y a aquella de la Escuela de expectativas racionales, presentando lo que podemos denominar como una curva de Phillips Austríaca, de pendiente positiva, la que tiene importantes implicancias en los estudios de la neutralidad del dinero, en las expectativas y en los ciclos económicos, explica el autor.
El artículo se divide en tres partes. La primera presenta la Curva de Phillips keynesiana, la monetarista y la observación empírica de Milton Friedman, partidario de una Curva de Phillips positiva. La segunda es una respuesta a la observación de Friedman y la formulación de una nueva Curva de Phillips. Por último se muestra la importancia de dicha teoría aplicada a la crisis de 2008