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Publicado en Libre Mercado :: Libertad Digital / 03/10/2011
La crisis económica que estamos viviendo es el resultado directo de la expansión crediticia de los países miembros de la zona euro. Los Estados griego, irlandés, portugués y español han expandido crédito sin base en ahorro real, han reducido los tipos de interés de manera artificial, y han creando la ilusión de que en sus economías había dinero para invertir y crear riqueza. La expansión la prolongaron durante más de 10 años, y la crisis creada por el artificio estatista de los diferentes estados europeos aún no ha mostrado su lado más duro y difícil.
Estamos asistiendo a una de las mayores crisis político-económicas de la historia. Sin embargo, el centro político de la Unión Europea pretende animar y transmitir confianza a toda la ciudadanía de la zona euro explicándonos cómo harán para sacarnos de la crisis. Resulta paradójico que un Super-Papá-Estado pretenda explicarnos a mí, y a ti, cómo hará para rescatarnos de las irresponsabilidades político-económicas que los diferentes Papás-Estados han creado.
Pero ¿realmente la Unión Europea tiene una solución a los problemas económicos y financieros que sufren los distintos estados? El panorama a corto y medio plazo es el siguiente. A mediados de octubre se habrán aprobado las reformas del nuevo mecanismo de rescate (presentado por el Eurogrupo el 21 de julio) con el visto bueno de los 6 países restantes que se sumarán al anhelo germano de una “Unión Europea estable”. Seguidamente, con la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, se realizará un “rescate” masivo de los países con problemas de deuda (que amenazan la estabilidad y credibilidad de la zona euro y su moneda). A través del FEEF se recomprará deuda de los países con mayores problemas financieros, y se recapitalizarán algunos bancos “demasiado grandes para caer”. Así, la UE seguirá generando una nueva oleada de ilusión de estabilidad financiera que hará subir algunos puntos las bolsas de la comunidad. En pocas palabras, deuda que sigue generando más y más deuda en toda la zona euro. Finalmente nos dirán que el fondo no es suficiente, y los distintos estados con problemas de deuda necesitarán, como es lógico, más y más deuda para recapitalizarse. Deuda, querido lector, que siempre, tarde o temprano, la ciudadanía activa de los diferente estados debe pagar con su bolsillo a costa de mayor trabajo, sacrificio, tiempo y energía.
Lo que está en crisis, estimado lector, es el estatismo nacional (a través de un sistema económico-financiero absolutamente deficiente) que ha manipulado la economía creando burbujas (en nuestro caso principalmente inmobiliarias); y el estatismo europeo que está creando organismos y políticas interventoras, prosiguiendo con las mismas políticas keynesianas, con ingentes cantidades de dinero creado de la nada, procurando crear y sostener la ilusión de progreso, estabilidad y riqueza que a largo plazo se transformarán, sin duda, en un retroceso considerable del nivel de vida europeo, inestabilidad económica y financiera por muchos años, y pobreza creciente para nuestros hijos y nietos.
Resulta urgente, por tanto, una reforma real del sistema financiero y bancario en todos los estados miembros de la Unión Europea que acabe con todos los organismos actuales y venideros que pretendan manipular la moneda. Sobre dichas reformas escuchará poco y nada en los medios de confusión, pero ten muy presente que la deuda, la irresponsabilidad estatista nacional y la mentira europea la pagas tú y tus generaciones venideras.
Leonardo Ravier es Secretario de Política Económica del P-Lib
Publicado en Libre Mercado :: Libertad Digital / 30/08/2011
El 23 de agosto el presidente de Gobierno anunciaba, dentro de sus improvisadas y tardías medidas anticrisis, la necesidad de trasladar la disciplina presupuestaria de limitación del déficit público a la Carta Magna del Estado.
La idea, que ha generado división y malestar dentro del seno del PSOE y aceptación dentro del PP, en principio suena bien. Al menos habría una cláusula, dentro del título VII (y muy probablemente entre los artículos 134 y 136), que contrarrestaría la visión estatista de la economía que la constitución española promueve.
Sin embargo, y a expensas de que la reforma en términos relativos y aislados está bien encaminada, me temo que nos encontramos ante una medida insuficiente, probablemente inocua, y previsiblemente perniciosa.
Existen varias razones para dicha afirmación. En primer lugar la medida no se aplicará hasta el 2018-2020. En segundo lugar, desconocemos el tope de déficit que se incorporaría, aunque ya se está especulando que no llegará al techo alemán del 0,35%. Tercero, bajo la categoría de “déficit estructural” pretenden incorporar una reforma “flexible y equilibrada”, que les permita modificar el desajuste presupuestario anualmente (o lo que es lo mismo, según le convenga o así lo requiera el Estado de bienestar). Y cuarto, se añadirán cláusulas excepcionales (que aún desconocemos y que serán claves), porque según Elena Salgado otra cosa sería “atarse las manos” y “no poder estimular la economía”. ¿Y a esto llamamos disciplina?
Pero no sólo existe un problema evidente de criterio y sentido común a la hora de elaborar una reforma constitucional que realmente impida al Gobierno endeudarse a costa del ciudadano y generar déficit deliberadamente, sino que también existe un motivo dudoso, y unas previsibles consecuencias perniciosas.
El motivo es la creación de un “verdadero Gobierno económico para la UE” que está empujando a que éste cambio se produzca en 17 países de la zona euro. Si el poder político de facto de la UE es capaz de producir cambios constitucionales en materia económica, no cabe duda alguna que nos encontramos ante un grave peligro, a largo plazo, de centralización económica en Bruselas que bajo el mismo fondo estatista podría poner en mayor peligro el verdadero bienestar social de los ciudadanos españoles.
Y las consecuencias perniciosas porque ante esta nueva medida de tope constitucional al déficit, y supuestamente a la deuda pública, ya se está especulando en generar mayor presión impositiva alegando, por ejemplo, que el 35% español del impuesto de sociedades es muy bajo frente al 45% alemán. En pocas palabras, si se corta el gasto con topes a las deudas públicas, el Estado no tendrá inconvenientes en seguir gastando pero ahora a costa directa de empresas y ciudadanos. De ahí que una “disciplina presupuestaria” de limitación del déficit público tal como se pretende incorporar en la Carta Magna sea coja y perniciosa si no va acompañada, por ejemplo, de un tope tributario que realmente exija al Gobierno “apretar su cinturón” y no el de la sociedad española.
Leonardo Ravier es Secretario de Política Económica del P-Lib.
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Yo, el lápiz de Leonard Read o El uso del conocimiento en la sociedad de Friedrich Hayek se han constituido en clásicos de la literatura económica por su claridad conceptual y su validez universal. El hombre olvidado de William Graham Sumner también es un clásico, pero para los lectores de habla hispana es menos conocido. El artículo fue escrito en 1883 y luego publicado por Yale University Press en 1925. Libertas, la revista académica de ESEADE con base en Argentina, lo publicó por primera vez en español en 1997.
Este artículo no intenta ser original en ningún sentido. Sólo intentamos tentar al lector a leer un artículo que entendemos debiera ser parte de la formación económica y política de todos los jóvenes profesionales y de los hacedores de políticas públicas. Dice el autor:
La mayoría de los proyectos filantrópicos o humanitarios se ajustan al siguiente esquema: A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D. Todos los esquemas de este tipo están viciados radicalmente, desde el punto de vista sociológico, por el hecho de que a C no se le permite opinar acerca del asunto, y de que su posición, su carácter y sus intereses, así como los efectos que se producirán sobre la sociedad por su conducto, se pasan totalmente por alto. C es lo que yo llamo el Hombre Olvidado.
Consideremos el caso del salario mínimo. Los sindicatos (A) presionan para elevar el salario. El gobierno (B) accede. Los beneficiarios (D), son algunos trabajadores que verán aumentar sus salarios. Sin embargo, un análisis simple de oferta y demanda del mercado laboral nos permite comprender que algunos trabajadores que en ausencia de la legislación hubieran logrado establecer contratos voluntarios de trabajo con los empresarios, por salarios inferior al mínimo establecido, quedan ahora desempleados. Los hombres olvidados (C) son aquellos empresarios y fundamentalmente aquellos trabajadores que en estas circunstancias quedan al margen del trabajo formal.
Veamos otro ejemplo. A es el gobierno americano. B es la Reserva Federal de los Estados Unidos. D son las decenas de empresas americanas que durante la crisis de 2008 eran “demasiado grandes para caer”. ¿Quién es C? Si tomamos en cuenta que A decidió ayudar a D con los planes de estímulo financiados con los impuestos, C son los contribuyentes americanos. Si tomamos en cuenta que B para ayudar a D decidió duplicar la cantidad de dólares que circulaba en el mundo, y tomamos en cuenta que tal decisión reduce el poder adquisitivo de sus tenedores, C son las millones de personas que creían en el dólar como reserva de valor.
No será difícil para el lector extrapolar el análisis a los cientos de casos que día a día publican los diarios en todo el mundo. Cada nueva legislación que se aprueba tiene un alto porcentaje de posibilidades de haber olvidado a estos hombres.
Por una vez, siquiera, pensemos en él [el hombre olvidado] y consideremos su caso, ya que todos los médicos sociales tienen la característica de concentrarse sobre algún hombre, o grupo de hombres, cuya situación despierta simpatía y estimula la imaginación, y planifican sus remedios para tratar ese problema en particular. [...] [I]gnoran totalmente cuál es la fuente de la que deben extraer la energía que emplean en sus remedios y pasan por alto todos los efectos que éstos producirán sobre los demás miembros de la sociedad, ya que sólo tienen en cuenta los que les interesan. Están dominados por la superstición del gobierno y, olvidando que éste no produce nada en absoluto, pierden de vista lo primero que deberían recordar al hacer cualquier análisis social: que el estado no puede obtener un céntimo de ningún hombre sin quitárselo a otro, y este último es quien lo ha producido y ahorrado: el Hombre Olvidado.
El mensaje de William está comprendido en la literatura económica e incluso se han logrado importantes avances sobre la cuestión. La Teoría de la Elección Pública, por ejemplo, ha logrado desarrollar modelos que explican que aun cuando los beneficiarios de las políticas gubernamentales sean pocos, éstos pueden lograr que una legislación sea sancionada porque sus intereses están concentrados, mientras que los hombres olvidados, aun cuando sean muchos, están dispersos. Esto lleva a que los grupos de presión (A) convenzan a los legisladores (B) a sancionar leyes a favor de cierto grupos (D), pero nunca consultan a quienes en definitiva pagan por aquellos gastos y que en definitiva representan la mayoría.
La democracia de las mayorías también se ve vulnerada con el logrolling o intercambio de votos, en el sentido que un legislador puede apoyar el proyecto de otro a cambio de que éste último apoye el del primero. Es así como pequeños grupos de presión van logrando aprovecharse de aquel hombre olvidado, el que “pasa de largo y nadie repara en él, porque se ha comportado bien, ha cumplido sus promesas y no ha pedido nada.”
Adrián Ravier es economista y profesor de la Universidad Francisco Marroquín y del Swiss Management Center University. Escribe regularmente en su página personal.
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“Las políticas de estímulo, si bien han logrado evitar que la tasa de desempleo trepe a los niveles de la gran depresión de los años treinta, difícilmente podrán ser mantenidas en el tiempo debido al déficit fiscal sin precedentes que han provocado“. Adrian Ravier
Libertad Digital. A finales de 2007 estalló la burbuja inmobiliaria que se fue gestando desde la salida de la crisis de las puntocom de 2001. Desde entonces, la política monetaria y fiscal de la Reserva Federal y del gobierno americano sólo han intentado paliar la situación de corto plazo.
Entonces comenzó un debate entre académicos y empresarios, no sólo sobre el riesgo moral que tales políticas implicaban, sino también sobre la forma en que se desarrollaría la crisis. Algunos pocos analistas dijeron que la crisis tendría forma de V, esto es, que la crisis sería profunda, pero corta, y que la política económica permitiría abandonar la situación rápidamente gracias al rol activo que el sector público estaba asumiendo. Otros analistas más pesimistas dijeron que la crisis tendría forma de L, desatendiendo a las señales de recuperación, y señalando las dificultades para generar empleo y recuperar la actividad económica. Finalmente, un tercer grupo de analistas advirtió que la crisis tendría forma de W, esto es, cayendo en crisis y depresión, recuperándose en el corto plazo gracias a la política activa del sector público, pero cayendo nuevamente en depresión por la imposibilidad del gobierno de mantener tales políticas en el tiempo.
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Una sistema de patrón oro sería –en pocas palabras– una enorme traba para mantener la actual estructura de gasto público, y más aún, volvería inviables los intentos de incrementar aún más los roles del Estado sobre la economía.
Hace un mes tuve la oportunidad de presentar ante la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) una lectura austríaca de la crisis financiera internacional. La AAEP reúne cada año a cientos de los más distinguidos economistas del país, donde la mayoría de los participantes no son necesariamente formados en la tradición de Mises y Hayek.
Mi presentación fue de unos 20 minutos, a partir de los cuales, se desarrollaron más tarde dos comentarios. Quiero hacer alusión aquí al segundo de ellos, correspondiente a la profesora de la Universidad de Buenos Aires, Lidia Rosignuolo.
Debo decir que su comentario fue sumamente positivo para con mi trabajo, pero cerró con la siguiente afirmación: “En los comentarios finales y a modo de conclusión, Adrián plantea aquella vieja idea de Von Hayek, que sostenía que la eliminación de los bancos centrales y del dinero público era la manera más eficiente para evitar el ciclo económico. En mi opinión, esta idea de Von Hayek, por su muy baja probabilidad de aplicación, atenta per se contra la divulgación de las ideas de la escuela austríaca”.
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Fuente: Libertad Digital, España (http://www.libertaddigital.com)
Vínculo original: La crisis de Argentina no es global
Autor: Adrián O. Ravier
“Argentina está siendo golpeada por la crisis global, pero esta última no es la causa principal de nuestros problemas“
Difícilmente alguna economía pueda salir indemne a los efectos de la crisis global. Eso no significa, sin embargo, que existan economías que puntualmente tengan debilidades propias en su modelo.
Uno puede verse tentado a cometer el error de creer que Argentina pasó por un proceso de recuperación y crecimiento económico entre 2002 y 2008 y ahora se ha enfrentado a esta nueva gran depresión internacional, lo que ha destruido el proyecto serio de país tan buscado a lo largo de, al menos, siete décadas.
Lo cierto es que el modelo económico implantado a partir de la presidencia de Eduardo Duhalde –que continuara Néstor Kirchner, y luego su esposa– no es otra cosa que un proyecto de corto plazo que el tiempo está demostrando que es insostenible.
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Fuente: Libertad Digital, España (http://www.libertaddigital.com)
Vínculo original: Réplica a El País Los cinco errores de Samuelson
Autor: Adrián O. Ravier
“No es el “envenenado legado” del laissez faire de Friedman y Hayek el que provocó las dificultades actuales, sino el “envenenado legado” del intervencionismo de Keynes, que hoy sobrevive en la discrecionalidad y las regulaciones defendidas por Samuelson“
El Nobel de Economía Paul Samuelson publicó este domingo un artículo de opinión en El País donde critica el liberalismo defendido por otros dos Nobel como Milton Friedman y Friedrich von Hayek. Intentaré a continuación escribir una breve respuesta a los dislates allí esgrimidos: